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domingo, 13 de agosto de 2023

El Museo Thyssen descubre los demonios, espíritus y chamanes ocultos en sus pinturas

Demonios, espíritus, chamanes y otros seres relacionados con la magia, la alquimia o la astrología han vivido durante siglos en un entorno cultural hostil y se han camuflado en cuadros y pinturas cuyo rastro oculto descubre ahora en una exposición el Museo Thyssen-Bornemisza.

"Lo oculto en las colecciones Thyssen-Bornemisza" es el título de esta exposición que se abre mañana al público en Madrid y que reúne 59 obras de arte de las colecciones del museo, tanto de la permanente como la de Carmen Thyssen) en las que se han detectado algunos de estos mensajes cifrados, desde las alegorías del Renacimiento hasta las manifestaciones de vanguardia del siglo XX.

Mensajes tan escondidos como el que fue descubierto en el cuadro "La piedad" de José de Ribera (1633) por un vigilante del museo: un ojo entre los pliegues del sudario que mira al espectador, que puede ser desde un ojo diabólico al del propio artista.

O la figura borrada de la hermana de Eduard Munch en el cuadro "Atardecer" (1888), pintor ligado al espiritismo y que recuerda a los entes transparentes de las fotografías con las que experimentó, con la doble exposición, y que servían para emular la captura de fantasmas.

Guillermo Solana, director artístico del Thyssen y comisario de esta exposición, ha explicado la relectura que hacen los museos de sus propias colecciones en las que obras conocidas por el público se exponen bajo otra mirada.

Es lo que ha ocurrido con "Lo oculto", que demuestra a través de esta selección de pinturas de las colecciones del Thyssen cómo las ciencias ocultas -alquimia, astrología, demonología, espiritismo, teosofía, chamanismo- encontraron en las artes visuales el terreno ideal para transmitir sus mensajes cifrados.

"Lo oculto recorre toda la historia del arte, todos los géneros y una colección como la nuestra, con tan amplio recorrido, es muy adecuada" para esta relectura, ha indicado Solana que ha señalado cómo la relación del arte con lo oculto fue considerado "un tema incómodo, cuando no francamente sospechoso", hasta los años 80 del pasado siglo.

Pero en los últimos años están muy en boga los temas ocultistas en el arte, una corriente que considera que puede estar relacionado con el nivel de incertidumbre que vive el mundo en la actualidad.

El itinerario de la exposición diseñado por Solana comienza por la alquimia, con frecuentes referencias en la pintura del Renacimiento, y que están representadas con pinturas como "San Juan Evangelista en Patmos", de Cosme Tura (1470-1475).

La alquimia entró en declive con la revolución científica pero su simbolismo persistió en el arte y reapareció con el surrealismo en el siglo XX, como se ve en "Árbol solitario, árboles conyugales" (1940) de Max Ernst.

La astrología está muy representada en la pintura y el simbolismo de la luna y el influjo de sus ciclos ha sido fuente de inspiración en la pintura, con ejemplos que van desde "El cristo resucitado" de Bramantino, de 1490, a "Calle de Nueva York con luna" (1925), de Georgia O´Keefe.

"Creo en las fuerzas que nos conducen oscuramente. Creo en la astrología. Soy un Tauro con ascendente Escorpio. Por eso, quizá, en muchos de mis cuadros se ven bolas, círculos que evocan los planetas regentes", decía Joan Miró, de quien se incluyen dos pinturas en la exposición.

Los demonios están presentes en figuras reconocibles o faunos y sátiros de la mitología, pero también hay otros con rostros grotescos y presencias inquietantes en pinturas de Durero o Lucas Cranach, además de versiones renovadas del infierno, como "Metrópolis" de George Grosz, ya del siglo XX.

Del ocultismo, que nació en el siglo XIX en Estados Unidos, hay además de Munch, obras de Willard L.Metcalf o Paul Delvaux, entre otros

Otro de los apartados de la exposición es el movimiento teosófico, fundado en 1875, y que combinaba elementos de la tradición esotérica occidental con religiones y filosofías orientales. A comienzos del siglo XX inspiró a los pioneros del arte abstracto, como Kandinsky y Kupka, Balla y Severini, Mondrian y Van Doesburg, presentes también en "Lo oculto".

Y los sueños y las premoniciones del surrealismo están representados también por obras de Dalí, Delvaux, Balthus, Bacon o Schad, este último con su inquietante sombra tras el retrato del doctor Haustein, de 1928.

.Pero en los últimos años están muy en boga los temas ocultistas en el arte, una corriente que considera que puede estar relacionado con el nivel de incertidumbre que vive el mundo en la actualidad.

El itinerario de la exposición diseñado por Solana comienza por la alquimia, con frecuentes referencias en la pintura del Renacimiento, y que están representadas con pinturas como "San Juan Evangelista en Patmos", de Cosme Tura (1470-1475).

La alquimia entró en declive con la revolución científica pero su simbolismo persistió en el arte y reapareció con el surrealismo en el siglo XX, como se ve en "Árbol solitario, árboles conyugales" (1940) de Max Ernst.

La astrología está muy representada en la pintura y el simbolismo de la luna y el influjo de sus ciclos ha sido fuente de inspiración en la pintura, con ejemplos que van desde "El cristo resucitado" de Bramantino, de 1490, a "Calle de Nueva York con luna" (1925), de Georgia O´Keefe.

"Creo en las fuerzas que nos conducen oscuramente. Creo en la astrología. Soy un Tauro con ascendente Escorpio. Por eso, quizá, en muchos de mis cuadros se ven bolas, círculos que evocan los planetas regentes", decía Joan Miró, de quien se incluyen dos pinturas en la exposición.

Los demonios están presentes en figuras reconocibles o faunos y sátiros de la mitología, pero también hay otros con rostros grotescos y presencias inquietantes en pinturas de Durero o Lucas Cranach, además de versiones renovadas del infierno, como "Metrópolis" de George Grosz, ya del siglo XX.

Del ocultismo, que nació en el siglo XIX en Estados Unidos, hay además de Munch, obras de Willard L.Metcalf o Paul Delvaux, entre otros.

Otro de los apartados de la exposición es el movimiento teosófico, fundado en 1875, y que combinaba elementos de la tradición esotérica occidental con religiones y filosofías orientales. A comienzos del siglo XX inspiró a los pioneros del arte abstracto, como Kandinsky y Kupka, Balla y Severini, Mondrian y Van Doesburg, presentes también en "Lo oculto".

Y los sueños y las premoniciones del surrealismo están representados también por obras de Dalí, Delvaux, Balthus, Bacon o Schad, este último con su inquietante sombra tras el retrato del doctor Haustein, de 1928.

Rastros de lo oculto con referencias a veces explícitas y otras como meras hipótesis que la exposición invita a descifrar hasta el próximo 24 de septiembre.

(FUENTE: lavanguardia.com)


sábado, 26 de marzo de 2022

La biblioteca ocultista de Hitler

 


«Quien no lleva en sí semillas demoníacas nunca engendrará un nuevo mundo». Esta frase subrayada pertenece a 'Magia: historia, teoría y práctica', un libro de ocultismo publicado en 1923 por el escritor y publicista alemán Ernst Schertel, estudioso de la antigüedad, el esoterismo y la religión, que además escribió sobre sadomasoquismo y dirigió un grupo de ballet. El subrayado es de Adolf Hitler. El dictador alemán recibió el libro enviado por su propio autor, que además se lo dedicó: «Regalado con plena admiración». El jefe del Tercer Reich lo debió de leer varias veces, porque es uno de los ejemplares más marcados de su biblioteca, que contó con un llamativo apartado dedicado a las llamadas ciencias ocultas.

«En general, en Alemania y Austria la atracción por el esoterismo se convirtió en uno de los rasgos definidores de cierta cultura política ultraconservadora», escribe el historiador Juan Baráibar en 'Libros para el Führer' (2010), un ensayo sobre el auge y la decadencia del nazismo a través de los títulos y las dedicatorias de la biblioteca personal del dictador, entre las que recoge la de Schertel.

La biblioteca de Hitler, o para ser precisos una parte de ella, fue confiscada por el Ejército de Estados Unidos en 1945. Con el epígrafe 'Third Reich Collection', está depositada en la sección de 'libros raros y colecciones especiales' de la Biblioteca del Congreso de Washington. Hay otra serie de libros que también pertenecieron al líder nazi y que se conservan en la Biblioteca John Hay de la Universidad de Brown, en Providence, Rhode Island (EE UU). En total, son 1.244 títulos. Como destaca Baráibar en su estudio, el conjunto «está formado por ejemplares en su mayor parte dedicados por sus autores o por otras personas deseosas de comunicarse de ese modo con el carismático Führer». Es por tanto una 'biblioteca de regalos', lo que hay que tener en cuenta a la hora de calibrar el perfil de Hitler como lector.

Hay que considerar también que la biblioteca personal del estadista nazi tenía como mínimo más de 6.000 volúmenes, número aportado por Baldur von Schirach, líder de las Juventudes Hitlerianas, y puede que alcanzara los 16.000, repartidos entre la Cancillería, su piso de Múnich y el chalet de montaña del Berghof, las tres residencias habituales de Hitler. El grueso, estimado por algunos historiadores en cerca de 7.000 títulos, eran libros, anuarios y otras publicaciones de temática militar. Otros grandes conjuntos temáticos los formaban libros de arte y arquitectura, unos 1.500, y libros sobre alimentación y nutrición, en torno a un millar. Según Timothy W. Ryback ('Los libros del gran dictador', 2010), la colección incluía también «primeras ediciones de obras de filósofos, historiadores, poetas, dramaturgos y novelistas». Ambrus Miskolczy añade que Hitler tenía ediciones ilustradas de 'El Quijote' y 'Robinson Crusoe', que consideraba, junto con 'Los viajes de Gulliver' y 'La cabaña del tío Tom', las grandes obras de la literatura mundial.

Hitler leía, y mucho, aunque de forma desordenada. Quienes lo conocieron lo definían como lector compulsivo y él mismo aseguraba que su ritmo de lectura era del orden de uno o dos libros por noche. «Hitler casi nunca se iba a la cama antes de las tres de la mañana y, como sufría de insomnio crónico, normalmente tomaba pastillas para dormir», explica Álvaro Lozano en 'El laberinto nazi' (2013). El genocida «se despertaba tarde, mantenía un horario errático y recibía visitas de acuerdo con sus caprichos personales. La comida en el Berghof tenía lugar a las dos de la tarde y continuaba, normalmente con ministros y miembros del partido, hasta las cuatro. Durante la sobremesa Hitler hablaba interminablemente sobre temas variopintos. Tras la comida, daba un corto paseo en compañía de Blondi, su perro favorito. Al regresar, tras tomar café, dormía una siesta o leía un libro, a menudo de historia o de astrología. (…) Tras la cena, veía una película alemana o norteamericana y, una vez finalizada, seguía otro interminable monólogo (...). Luego se dedicaba a hablar de todo un poco: catástrofes en la Edad de Hielo, el 'degenerado' arte moderno, la mejor forma de aplastar un posible motín en Alemania...». Todas estas peroratas interminables con las que martirizaba a sus acólitos se nutrían de sus lecturas desordenadas en su biblioteca, en la que «hay muchos libros de temática ocultista y religiosa».

Nostradamus en un búnker

«Entre los montones de basura nazi hay más de 130 libros sobre temas religiosos y espirituales, que van desde el ocultismo occidental hasta el misticismo oriental y las enseñanzas de Jesucristo», escribe Ryback en su artículo 'Hitler's Forgotten Library' (2003). Entre los primeros destacan los libros relacionados con Nostradamus, por los que Hitler pareció mostrar una especial predilección. «'Las predicciones de Nostradamus' pertenece a un paquete de libros de ocultismo que Hitler adquirió a principios de la década de 1920 y que fueron descubiertos en las dependencias privadas de su búnker de Berlín por el coronel Albert Aronson en mayo de 1945», precisa Ryback.

También hay libros pseudohistóricos sobre las runas, como 'Yo leí una runa. Llamada a la joven Alemania', de Ernst Radusch; sobre ariosofía y sobre simbología oculta, como 'El secreto de la esvástica y la cuna de los indogermanos', de Otto Grabowski; así como sobre espiritismo -'¡Los muertos viven!'-, orientalismo, como los firmados por Bô Yin Râ, pseudónimo de un tal Joseph Anton Schneiderfranken; y neopaganismo, entre los que Baráibar destaca como especialmente interesante 'El triunfo de la inmortalidad', de Mathilde Kemnitz-Ludendorff, «una de las dos mujeres que en 1924 se interesaron por entrar en política a través del NSDAP», y que defendía la regeneración del pueblo alemán a través de la recuperación de la religiosidad germánica.

En la colección hay también libros enviados por los propios médiums, videntes y astrólogos que los escribieron. Como Elsbeth Ebertin, astróloga que elaboró y publicó la carta astral de Hitler, «un hombre de acción nacido el 20 de abril de 1889, con el Sol en 29º de Aries». Y, por supuesto, están los libros consagrados a las cosmologías alternativas, los escritos por autores que equivaldrían a los terraplanistas actuales y que básicamente cuestionan de raíz todo el conocimiento científico establecido. Aquí es inevitable citar la 'Cosmogonía glacial' del desquiciado ingeniero Johannes Hanns Hörbiger.

(FUENTE: elcorreo.com)

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