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viernes, 6 de marzo de 2026

¿Puedes aprender algo mientras duermes? Lo que tu cerebro puede (y no puede) memorizar dormido, según la ciencia


 ¿Y si el cerebro pudiera seguir aprendiendo incluso mientras dormimos? ¿Sería posible transformar el descanso en una herramienta de estudio? La respuesta es sí y no, en función de lo que entendamos por aprender. Absorber información compleja o formarse en una nueva habilidad desde cero es casi imposible mientras estás en brazos de Morfeo. Aunque el cerebro dormido no está, ni mucho menos, apagado.

A lo largo del siglo XX, esta curiosa posibilidad ha encendido la imaginación de científicos, publicistas y guionistas por igual. Desde grabaciones nocturnas con mensajes motivacionales hasta escenas de películas en las que alguien aprende un idioma mientras duerme, la idea de usar el sueño como aula ha oscilado entre lo prometedor y lo absurdo. Pero más allá del mito, la ciencia del siglo XXI está empezando a revelar que el cerebro dormido no solo descansa: también selecciona, reorganiza y, en ciertos casos, reacciona a estímulos que podrían dejar huella. ¿Hasta dónde llega esa capacidad? Ahí empieza lo interesante.

El concepto de aprendizaje durante el sueño —conocido como hipnopedia— tiene una larga historia. El primer estudio que demostraba que dormir traía beneficios a la memoria fue llevado a cabo en 1914 por la psicóloga alemana Rosa Heine. Descubrió que estudiar nueva información en las horas previas al sueño daba mejores resultados a la hora de recordarla, comparado con hincar los codos más temprano.

La formación de recuerdos

Gracias a muchas investigaciones hechas desde entonces, sabemos que el sueño es crucial para la formación de recuerdos a largo plazo sobre lo que hemos vivido durante el día. El cerebro durmiente revive las experiencias recientes y las consolida, trasladándolas desde el hipocampo, donde se graban en un principio, a otras regiones del encéfalo. Teniendo en cuenta que los recuerdos son procesados durante la noche, puede surgirnos la duda de si son alterados, intensificados o, incluso, recreados de cero en el proceso.

En la década de 1950, cuando se empezó a usar el electroencefalograma (EEG) para monitorizar las ondas cerebrales durante el sueño, se descubrió que, si se aprendía algo en ese tiempo, era solo porque algún estímulo había despertado a los participantes en los experimentos. Así, las teorías sobre la posibilidad de estudiar mientras se plancha la oreja quedaron refutadas y lanzadas al saco de las pseudociencias.

Sin embargo, hace poco, se ha confirmado que la sesera sí puede absorber información e, incluso, formar nuevos recuerdos cuando está dormida. Aunque serían recuerdos inconscientes, eso es lo malo. Esto ocurre porque es una forma de aprendizaje muy básica y mucho más sencilla que la que tiene lugar en tus neuronas cuando quieres aprender alemán o mecánica cuántica.

Reforzando recuerdos con estímulos dormidos

Durante el sueño, especialmente en la fase profunda NREM (de ondas lentas), nuestro cerebro no está desconectado, sino trabajando a pleno rendimiento. Un estudio reciente publicado en Nature describe una técnica fascinante llamada reconsolidación específica. 

Aquí, durante el aprendizaje en estado consciente, se asocia un estímulo —por ejemplo, un olor o sonido— con lo que se quiere memorizar. Luego, ese mismo estímulo se presenta mientras dormimos y ayuda a “refrescar” ese recuerdo, consolidándolo de forma selectiva.

La aplicación práctica es emocionante: imagina aprender una pieza musical, o repasar vocabulario, y fortalecer el recuerdo sin esfuerzo consciente mientras duermes.

Además, otro estudio reciente demostró que estos estímulos durante el sueño no solo refuerzan lo ya aprendido, también pueden facilitar la conexión entre diferentes recuerdos contextuales. Por ejemplo, si asocias varias ideas con una historia o contexto antes de dormir, al reactivar uno de los estímulos, no solo reforzas ese dato, sino todo el conjunto relacionado. Quizá no aprenderás desde cero, pero sí podrás afianzar lo que has repasado.

La asociación con olores

Así, parece ser que el aprendizaje condicionado sí puede darse mientras dormimos. En un estudio israelí de 2012 se comprobó que la gente puede aprender a asociar olores a sonidos durante el sueño. Los experimentadores tocaban determinada melodía mientras se liberaba un desagradable olor a pescado podrido en la sala donde dormían los participantes. Una vez despiertos, al oír de nuevo la misma música, los voluntarios contenían la respiración, en anticipación al olor.

Aunque se trataba de un recuerdo implícito o inconsciente, podía afectar al comportamiento de las personas. Los investigadores descubrieron, además, que los fumadores consumían menos tabaco después de haberse pasado la noche anterior expuestos al aroma de cigarrillos mezclados con huevos podridos o pescado en mal estado. Sus cerebros habían aprendido la lección mientras dormían. Por otra parte, aprender nuevas habilidades en sueños podría aplicarse también al estudio del lenguaje.

En un trabajo publicado en Current Biology, los participantes dormidos en el experimento escuchaban parejas de palabras inventadas asociadas a su supuesto significado, por ejemplo, guga y elefante. Después, cuando despertaban, solían acertar bastante bien cuando tenían que elegir la traducción de una palabra inventada en una prueba de tipo test.

Aun así, por el momento, parece ser que poner en jaque un buen descanso de calidad a cambio de aprender unas cuantas palabras no merece la pena.

El cerebro ensaya caminos: la magia de la replay hipocámpica

Una de las maravillas más fascinantes durante el sueño es el fenómeno conocido como replay hipocámpico. En estudios con animales y humanos se ha observado que, durante fases profundas del sueño, el hipocampo “reproduce” patrones neuronales similares a los del aprendizaje del día, pero a una velocidad acelerada. 

Este ensayo cerebral permite organizar y reforzar rutas cognitivas sin intervención consciente, como si el cerebro repasara mentalmente lo aprendido en piloto automático.

Esta actividad coordinada entre el hipocampo y la neocorteza forma el núcleo de la hipótesis de "consolidación de sistema activo": el cerebro transfiere recuerdos del hipocampo (memoria inmediata) a la neocorteza (memorías permanentes) durante el sueño.

Además, la densidad de los llamados “spindles” o husos del sueño —breves patrones de ondas cerebrales en el estadio 2— está relacionada con la mejora del aprendizaje, aunque los resultados aún son mixtos. Lo cierto es que el cerebro no solo duerme: edifica, conecta y reafirma.

Soñar no cuesta nada… y a veces también enseña

Dormir no es perder el tiempo. Al contrario, mientras descansamos, el cerebro trabaja de manera silenciosa y ordenada, clasificando lo vivido, reforzando lo aprendido y, en ciertos casos, dejando que nuevas asociaciones se cuelen sin que apenas nos demos cuenta. No necesitamos despertarnos sabiendo tocar el piano o hablar alemán, pero sí podemos confiar en que cada noche nuestro cerebro pule poco a poco lo que intentamos aprender durante el día.

Aunque la idea de aprender dormidos suena a ciencia ficción, la realidad es más sutil, pero no menos fascinante. No se trata de memorizar grandes volúmenes de datos en sueños, sino de entender que el aprendizaje es un proceso que también avanza cuando cerramos los ojos. Dormir bien, cuidar los ritmos y dar espacio al descanso se convierte, así, en parte del camino hacia aprender mejor.

En definitiva, el sueño no sustituye al estudio, pero lo potencia. No es una píldora mágica, pero sí un ingrediente esencial para que el conocimiento eche raíces. Aprovecharlo es tan sencillo como respetarlo: dormir las horas necesarias, crear rutinas saludables y dejar que, noche tras noche, el cerebro haga su magia. Porque incluso dormidos, seguimos aprendiendo.

(FUENTE: muyinteresante.com)

Una roca escondida revela un 'Padrenuestro' imposible y la ciencia trata de encontrar una explicación


Un misterioso hallazgo arqueológico ha sorprendido a los investigadores en los densos bosques del norte de Ontario, donde la caída de un árbol dejó al descubierto una gran losa de piedra cubierta por más de 250 símbolos rúnicos. La pieza, oculta durante generaciones bajo tierra y vegetación, ha captado la atención internacional al contener grabado el Padrenuestro en el alfabeto Futhark, el más antiguo conocido. La losa, de aproximadamente metro y medio de largo, fue localizada cerca de la localidad de Wawa, en una zona remota y escasamente habitada. A simple vista, la roca presenta una inscripción meticulosa compuesta por cientos de caracteres, una ilustración detallada de un barco con 16 figuras humanas y 14 marcas con forma de equis. Las primeras imágenes llegaron al Ontario Centre for Archaeological Education, dirigido por Ryan Primrose, quien asumió la investigación desde el primer momento.

"Es, sin duda, uno de los hallazgos menos esperados de mi carrera. Es absolutamente fascinante", afirmó Primrose. Como explicó en CBC, el experto decidió mantener la información en reserva hasta poder confirmar su autenticidad y contexto, evitando así especulaciones sobre una posible presencia vikinga en la zona. Para ello, contactó con el prestigioso profesor de runología Henrik Williams, de la Universidad de Uppsala.

Una oración cristiana tallada en runas antiguas

Durante una visita en otoño, Williams examinó la losa bajo condiciones climáticas adversas. "Estuve tres horas bajo una lona con una linterna, observando las runas mientras los demás esperaban fuera, congelándose", relató. Su esfuerzo permitió descifrar el mensaje completo: el Padrenuestro traducido al sueco y escrito en runas del tipo Futhark, que datan de los siglos II al VIII.

En teoría, no había vikingos en Canadá en esa época, lo que hizo que el experto buscara otras posibles explicaciones. Así se dio cuenta de que el texto coincidía con una transcripción publicada en 1611 por el erudito sueco Johannes Bureus. Esta oración, sin embargo, fue redifundida en el siglo XIX, lo que ofreció nuevas pistas a los investigadores sobre la cronología de la inscripción. Aunque inicialmente se especuló con un origen milenario, el desgaste de las tallas y los documentos históricos apuntan a una fecha más reciente.

Las investigaciones revelaron que en el siglo XIX la Hudson's Bay Company empleó a ciudadanos suecos en varios puestos comerciales distribuidos por Canadá, entre ellos el cercano puesto de Michipicoten. Según Primrose, la hipótesis más sólida es que alguno de estos trabajadores fue el autor de la inscripción, quizá como un acto de devoción personal o una práctica religiosa colectiva de la que, eso sí, no se tiene constancia alguna. El grabado, tallado con gran precisión, habría requerido varias semanas de trabajo, como mínimo. A pesar de que no se hallaron otros objetos arqueológicos en las inmediaciones, el hecho de que la piedra estuviera enterrada bajo varios centímetros de tierra y de que solo saliese a la luz por la caída natural de un árbol sugiere que fue ocultada deliberadamente.

Un misterio difícil de resolver

Actualmente, el equipo liderado por Primrose trabaja en colaboración con el propietario del terreno para preservar este descubrimiento singular. Se ha solicitado una concesión administrativa del lugar con el objetivo de crear un espacio patrimonial protegido y permitir el acceso al público. La idea es instalar una estructura que resguarde el relieve frente a la erosión y el paso del tiempo.

"El misterio no desaparece por el hecho de que sea más reciente de lo que esperábamos", reconoció Williams. Y es que, según explicó, hay muchas preguntas que permanecen en el aire, como por qué el sujeto en cuestión grabó ese texto concreto, por qué eligió un lugar tan remoto o por qué no hubo nada que hiciera sospechar de su existencia.

(FUENTE: elconfidencial.com)


Desarrollan una tecnología con Inteligencia Artificial para investigar ovnis de forma científica

Físicos de la Universidad de Albany, en Estados Unidos, desarrollaron una tecnología revolucionaria para estudiar objetos voladores no identificados (OVNIs). A diferencia de los métodos tradicionales, este sistema deja de lado las teorías y se respalda en datos objetivos mediante el uso de Inteligencia Artificial y sensores avanzados.

La herramienta fue probada en Laguna Beach, California, donde los investigadores realizaron una expedición para registrar comportamientos extraños en el cielo. El sistema, bautizado como C-TAP (Custom Target Analysis Protocol), procesó los datos capturados por distintos sensores para identificar y descartar fenómenos explicables.

C-TAP: el protocolo que busca separar mito de realidad

El C-TAP combina múltiples fuentes: cámaras ópticas, infrarrojos, radares meteorológicos y detectores de radiación. Con esa información, la inteligencia artificial analiza cada fotograma de los videos para identificar “píxeles anómalos” y distinguir si se trata de interferencia digital o evidencia física concreta. El sistema logró descartar la mayoría de los registros, pero una secuencia de puntos blancos en una zona oscura no pudo ser explicada.

“El objetivo es dejar atrás los relatos subjetivos y avanzar hacia el estudio sistemático y reproducible”, remarcaron los autores en la revista Progress in Aerospace Sciences. El estudio también recopiló más de veinte informes sobre fenómenos aéreos anómalos (o UAP, por sus siglas en inglés) desde 1933 hasta la actualidad. Se incluyeron investigaciones de países como Francia, Noruega, Irlanda y Alemania.

La iniciativa se enmarca en un renovado interés institucional por el fenómeno OVNI, ahora abordado desde la ciencia. “La comprensión de estos fenómenos es de gran importancia y urgencia, tanto por su impacto potencial en la seguridad aérea como por las implicaciones científicas que podrían derivarse”, destacaron los investigadores.

Con esta tecnología, buscan dejar atrás el estigma que rodeó durante décadas a la investigación sobre ovnis y abrir paso a una mirada rigurosa, replicable y compartida dentro del ámbito académico.

(FUENTE: ambito.com)

Memes esotéricos- DXXXIX

 


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