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jueves, 6 de agosto de 2026

¿Existe el amor para toda la vida? Un estudio de Harvard responde todas nuestras preguntas

Tus amigas te lo advierten, tu familia lo insinúa, y las sugerencias de tu algoritmo de TikTok lo confirman: te estás enamorando. El proceso siempre es parecido y seguro que te sonará familiar: conoces a alguien, te gusta, le gustas, café por aquí, cine por allá, conversaciones hasta la madrugada y buscar cualquier excusa para verse.

Luego llega el momento del enamoramiento —el más dulce o empalagoso, depende cómo se mire—, en el que todas las canciones hablan de ustedes, los estrenos de las plataformas de streaming se han inspirado en su historia y tu círculo cercano sabe ya hasta cómo se llama su perro. El último paso y, hoy por hoy, el más definitivo: desinstalar las apps de citas. Ahora sí, estás en jaque. Pero… ¿Por cuánto tiempo?

Los profesores y terapeutas Richard Schwartz y Jacqueline Olds, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, lo analizan en Love and the Brain; su estudio sobre el amor más completo hasta la fecha. Una publicación que trata sobre la evolución del amor (y sobre cómo, con frecuencia, se derrumba), la gestión de las expectativas dentro de la relación, el proceso de enamoramiento y la tan famosa ‘chispa’.

Un estudio, en definitiva, sobre una de las conductas más estudiadas y menos comprendidas de la naturaleza humana, y especialmente sobre su duración. Porque… ¿Existe el amor para toda la vida? ¿Cuánto dura esa fase de enamoramiento? ¿Cómo afecta a nuestro cerebro el hecho de enamorarnos?

¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando nos enamorarmos?

En el estudio de referencia, Schwartz y Olds investigaron la conexión entre las áreas primitivas del cerebro —aquellas evolutivamente antiguas— con el amor romántico. “Estas áreas se iluminan en las exploraciones cerebrales cuando se habla de un ser amado, y pueden permanecer iluminadas durante mucho tiempo en algunas parejas”, explica Olds, a lo que Schwartz añade que “hay buenas razones para sospechar que el amor romántico se mantiene vivo gracias a un elemento básico de nuestra naturaleza biológica”.

Un corazón acelerado, palmas sudorosas, mejillas sonrojadas y sentimientos de pasión y ansiedad simultáneos son algunas de las respuestas físicas y emocionales al amor, consecuencias directas de las sustancias químicas asociadas con el ‘circuito de recompensa’ que inundan nuestro cerebro. Porque sí, el amor funciona como una recompensa para nuestra mente, y en ese juego entran dos hormonas clave.

La primera, el famoso cortisol, que aumenta durante la fase inicial del amor romántico de forma proporcional a la disminución de los niveles de serotonina, causando lo que Schwartz describe como “pensamientos, esperanzas y terrores intrusivos y enloquecedoramente preocupantes del amor temprano”.

La segunda, la dopamina, responsable de activar el “sistema de recompensa”. Esta provoca, según el citado estudio de Harvard, que “el amor sea una experiencia placentera similar a la euforia asociada al consumo de cocaína o alcohol”. Es decir, ver a esa persona especial o tener noticias suyas calma tu mente, y estar alejado de ella inicia el proceso ansioso; el mismo mecanismo del ‘mono’ que provocan las drogas solo que esta vez camuflado en forma de ‘buenos días, amor’.

Un ejemplo bastante ilustrativo de este proceso de recompensa sería el estudio llevado a cabo por la Universidad de California y publicado por la revista Science en 2012, en el que se comprobó que las moscas de la fruta macho que fueron rechazadas sexualmente bebieron cuatro veces más alcohol que las moscas de la fruta que se aparearon con moscas de la fruta hembra. Mismo centro de recompensa, diferente manera de alcanzarla.

“Si este amor perdura, las áreas del cerebro asociadas con la recompensa y el placer siguen activas a medida que avanzan las relaciones amorosas, pero el anhelo y el deseo constantes que son inherentes al amor romántico suelen disminuir”

Richard Schwartz, profesor de la Facultad de Medicina de Harvard (HMS) y terapeuta de parejas

Ahora bien, si este amor perdura, esa montaña rusa de emociones se calma. “La pasión sigue ahí, pero el estrés ha desaparecido. Los niveles de cortisol y serotonina vuelven a la normalidad. El amor, que comenzó siendo un factor estresante (al menos para nuestro cerebro y nuestro cuerpo), se convierte en un amortiguador contra el estrés. Las áreas del cerebro asociadas con la recompensa y el placer siguen activas a medida que avanzan las relaciones amorosas, pero el anhelo y el deseo constantes que son inherentes al amor romántico suelen disminuir", explica Schwartz.

En una conversación con los fundadores de Nude Project —firma que obsesiona a la Generación Z— en el podcast homónimo, la afamada psiquiatra Marian Rojas Estapé citaba, a propósito de este mismo proceso, al creador del personaje más locamente enamorado de la literatura española: Cervantes. ‘Es la dueña de mis pensamientos’, decía Don Quijote a propósito de su amor por Dulcinea, una frase que sonará a todo aquel que haya estado enamorado.

“Si estuviéramos toda la vida con ansiedad, con pajaritos en la cabeza, mariposas en el estómago y sin capacidad para concentrarnos, el mundo funcionaría muy mal. Es necesario estar enamorado al principio, sentir algo muy potente, para luego trabajar en la relación. Es como cuando pides un café y te lo sirven con una capa de espuma maravillosa; es genial, sí, pero esa espuma se disuelve. En las relaciones pasa lo mismo, y ahí entra en juego la voluntad de trabajar para que funcione”, argumentaba la psiquiatra.

¿Qué viene después del enamoramiento?

“El enamoramiento es una etapa que se vive al inicio y dura en torno al año, cuando estamos conociendo a alguien y vivimos en una intensidad continua porque, a nivel neuroquímico, existen muchos transmisores que se activan en ese momento. El problema viene cuando, con el paso del tiempo, nos cuestionamos si hemos dejado de estar enamorados porque no sentimos lo mismo que al inicio. En realidad, en la mayoría de los casos lo que ocurre es que pasamos a una etapa de vínculo, donde pueden resultar novedosos y atractivos otros estímulos diferentes”, argumenta María Cordón (@mariacordonpsicologa), psicóloga sanitaria especialista en perspectiva de género, y continúa: “tenemos que identificar lo que nos aporta esa persona y lo que consideramos de la relación. Al principio existe una fuerte atracción, principalmente física y de conexión, pero después vamos conociendo a nuestra pareja realmente como es y es entonces cuando debemos poner sobre la balanza si queremos mantener ese vínculo a largo plazo. A medida que pasa el tiempo se crea un vínculo más familiar, y también es bonito identificar que, aunque ya no esté esa explosión del principio, hay otras muchas cosas que al inicio no existían. Mucha gente necesita ese subidón de dopamina del inicio continuamente y por eso enlazan relación tras relación, cuando el hecho de tener una pareja es una elección diaria, un compromiso”.

"Tenemos tantos estímulos novedosos que muchas veces nos cuesta comprometernos con alguien por la posibilidad o los escenarios que se pueden dar en nuestra mente de conocer a alguien más, y es ahí donde está el error: realmente no es algo tangible, solo son circunstancias que se pueden dar (o no)".

María Cordón (@mariacordonpsicologa), psicóloga sanitaria especialista en perspectiva de género

¿Qué es el miedo al compromiso?

Pero, ¿qué ocurre si a lo que tememos es, precisamente, a comprometernos? La experta lo explica: “El contexto de inmediatez en el que vivimos (‘cultura de la inmediatez’), nos afecta en todos los ámbitos de nuestro día a día. Si tenemos hambre, basta con entrar en cualquiera de las muchas aplicaciones que tenemos instaladas en nuestro móvil para recibir el almuerzo en cuestión de 20 minutos y sin esfuerzo, y lo mismo se extrapola a las relaciones. Tenemos tantos estímulos novedosos, tanta facilidad para conocer a cualquier persona, que muchas veces nos cuesta comprometernos con alguien por la posibilidad o los escenarios que se pueden dar en nuestra mente de conocer a alguien más, y es ahí donde está el error: realmente no es algo tangible, solo son circunstancias que se pueden dar (o no). Al final todo tiene un coste, y está claro que vincularnos con alguien de manera estable tiene unos beneficios y también unos contras. Se trata de apostar”.

¿Cuáles son las claves para una relación sana, duradera y feliz?

“Además de los sentimientos positivos que trae consigo el romance, el amor también desactiva la vía neuronal responsable de las emociones negativas, como el miedo y el juicio social. Cuando estamos involucrados en un amor romántico, la maquinaria neuronal responsable de realizar evaluaciones críticas de otras personas, incluidas las evaluaciones de aquellas con las que tenemos una relación romántica, se apaga”, argumentan en Love and the Brain. Aquello de ‘el amor es ciego’ cobra todavía más sentido, y por ello es necesario prepararnos para el momento en el que toque abrir los ojos de nuevo.

“Cuando despertamos de esa primera fase, si queremos una relación de pareja feliz y funcional, es muy importante tener claro qué valoramos en la pareja, qué valores necesitamos compartir. No tanto aficiones como tal, sino valores coherentes con los propios y el compartir un proyecto de vida común. Si, por ejemplo, estás en una etapa en la que te apetece viajar, sin atarte ni comprometerte, y la otra persona busca formar una familia estable, quizá vuestro proyecto de vida en este momento no sea compatible. Es ahí donde entra en juego la sinceridad que, junto con el respeto y la admiración mutua —no solo a nivel laboral, sino también cómo esa persona crece en el personal—, forman los tres grandes pilares de una relación sana”, cuenta Cordón.

Ser felices y comer perdices (o lo que uno guste) pasa, por tanto, por superar esa primera fase de enamoramiento y construir en común las mil y una etapas que vendrán después. Quizá el enamoramiento no, pero el amor sí que puede ser para siempre.

(FUENTE:vogue.mx)

domingo, 31 de mayo de 2026

¿Una segunda esfinge bajo Giza? La teoría que sacude Egipto y enfrenta a los arqueólogos

Un equipo de investigadores italianos asegura haber detectado indicios de una posible segunda Esfinge enterrada bajo la arena de la meseta de Guiza, en Egipto.

La hipótesis se basa en escaneos de radar y en el análisis geométrico de los monumentos del complejo. Según explicó el investigador Filippo Biondi en un pódcast, el equipo habría localizado un punto “en espejo” respecto a la Esfinge actual, lo que apuntaría a una segunda estructura bajo un montículo de arena. El propio Biondi afirma tener un 80% de confianza en esa posibilidad.

Una teoría con muchas dudas

Los escaneos, siempre según el equipo, sugieren la presencia de pozos y pasajes similares a los detectados bajo la Esfinge conocida. Incluso plantean la existencia de una “megaestructura” subterránea en la zona. Sin embargo, no hay verificación independiente ni respaldo arqueológico oficial.

Parte de la teoría se apoya en la Estela del Sueño, erigida por Tutmosis IV hacia 1401 a. C., donde algunos creen ver dos esfinges. No obstante, los historiadores interpretan este monumento como un elemento de propaganda política, no como una prueba arqueológica.

La idea de una segunda Esfinge no es nueva. El egiptólogo Bassam El Shammaa ya la planteó hace años, aunque siempre sin evidencias concluyentes. De hecho, el exministro de Antigüedades Zahi Hawass ha rechazado reiteradamente esta posibilidad y recuerda que la zona ha sido excavada en numerosas ocasiones sin resultados.

Además, los propios datos del equipo presentan inconsistencias, como la altura del montículo, que varía según las versiones. Aun así, Biondi sostiene que podría tratarse de arena solidificada bajo la que se ocultaría la estructura.

Por ahora, todo sigue siendo una hipótesis. El propio equipo admite que será necesario estudiar el terreno sobre el terreno y obtener permisos oficiales antes de poder confirmar cualquier hallazgo.

(FUENTE: larazon.es)

martes, 19 de mayo de 2026

¿Es posible la telepatía con psicodélicos?

La idea de una posible telepatía bajo psicodélicos vuelve una y otra vez ya sea mediante relatos de viajes, ceremonias o sesiones intensas. La experiencia puede sentirse real, pero entre esa vivencia y una prueba científica concluyente todavía hay una gran distancia.

La idea de la telepatía aparece con frecuencia en el universo psicodélico porque estos estados suelen desdibujar la frontera entre uno mismo y los demás. De ahí nacen relatos de pensamientos compartidos, emociones ajenas y sincronías que se viven como algo más que coincidencias. A veces esa sensación recuerda a algunos viajes psicodélicos que parecen colectivos, aunque esa impresión no baste para hablar de telepatía. Un estudio de 2020 de Petter Grahl Johnstad, basado en 40 entrevistas, recogió 16 relatos de “telepatía psicodélica”. Eso sí, el valor del trabajo es mostrar cómo se narran esas experiencias, pero no da pruebas de un mecanismo de transmisión mental.

La investigación más sólida sobre psicodélicos no prueba telepatía, sino cambios intensos en la percepción del yo, la carga emocional y la relación con el entorno. Las revisiones sobre red por defecto y disolución del ego apuntan a una mayor porosidad entre lo propio y lo ajeno. Esa misma línea puede leerse desde los psicodélicos y la cognición social, donde se estudian empatía, reconocimiento emocional y vínculo con otros. Esa reorganización de la experiencia ayuda a explicar por qué muchas personas sienten una conexión extraordinaria sin necesidad de concluir que hubo telepatía literal.

A esto se suma la vieja tradición parapsicológica del método ganzfeld. Algunas revisiones reportan resultados por encima del azar, pero la discusión sigue abierta por problemas de replicación, diseño y solidez metodológica. Incluso fuera del campo psicodélico, la telepatía continúa en un terreno incierto, más cercano a la controversia que al consenso científico.

Ahí es donde conviene afinar el lenguaje porque si bien la nota de DoubleBlind, fuente primaria de esta lectura, ordena testimonios, estudios y antecedentes parapsicológicos, no cambia lo esencial y es que los psicodélicos pueden intensificar empatía, sincronía, lectura de gestos y sensación de unidad. Ese cruce también dialoga con trabajos sobre el LSD y el comportamiento social, sin convertir una hipótesis sugerente en una certeza y, si bien la experiencia merece atención, la evidencia, todavía, nos pide cautela.

(FUENTE: canamo.net)

Ni magia ni fantasmas: investigadores descubren el motivo por el que muchos creen tener experiencias paranormales y el origen está en el cerebro


Un equipo de neurocientíficos ha analizado el cerebro humano para intentar explicar por qué hasta un 35% de las personas afirma haber vivido experiencias paranormales. Según los investigadores, el origen de estas sensaciones no estaría en lo sobrenatural, sino en un estímulo invisible: el infrasonido, un tipo de sonido inferior a los 20 hercios que no puede ser percibido conscientemente por el oído humano, pero que sí puede afectar al organismo. La investigación, publicada en la revista Frontiers in Behavioral Neuroscience, fue liderada por el psicólogo Rodney Schmaltz.

Para ello, se expuso a 36 voluntarios a distintos entornos sonoros, algunos de ellos con infrasonidos de 18 hercios generados mediante dispositivos ocultos. Antes y después del experimento se midieron variables como el estrés, el cortisol y el estado emocional de los participantes. Los resultados mostraron que quienes estuvieron expuestos al infrasonido presentaron mayor irritabilidad, menor interés en la actividad y un aumento del cortisol. También tendían a percibir la música como más triste, incluso sin ser conscientes de la presencia de ese estímulo. Según Schmaltz, esto no significa que el infrasonido haga creer en fantasmas, pero sí puede generar una sensación de incomodidad que algunas personas interpretan como una presencia.

La verdadera razón de las experiencias paranormales

El estudio contó con 36 voluntarios expuestos a distintos entornos sonoros, algunos de ellos acompañados de infrasonidos de 18 hercios generados mediante dispositivos ocultos. Antes y después del experimento, se midieron los niveles de estrés a través del cortisol y el estado emocional de los participantes.

Las experiencias paranormales

Janire Manzanas

Janire Manzanas

Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

07/05/2026 16:00 Actualizado: 07/05/2026 16:00

Un equipo de neurocientíficos ha analizado el cerebro humano para intentar explicar por qué hasta un 35% de las personas afirma haber vivido experiencias paranormales. Según los investigadores, el origen de estas sensaciones no estaría en lo sobrenatural, sino en un estímulo invisible: el infrasonido, un tipo de sonido inferior a los 20 hercios que no puede ser percibido conscientemente por el oído humano, pero que sí puede afectar al organismo. La investigación, publicada en la revista Frontiers in Behavioral Neuroscience, fue liderada por el psicólogo Rodney Schmaltz.


Para ello, se expuso a 36 voluntarios a distintos entornos sonoros, algunos de ellos con infrasonidos de 18 hercios generados mediante dispositivos ocultos. Antes y después del experimento se midieron variables como el estrés, el cortisol y el estado emocional de los participantes. Los resultados mostraron que quienes estuvieron expuestos al infrasonido presentaron mayor irritabilidad, menor interés en la actividad y un aumento del cortisol. También tendían a percibir la música como más triste, incluso sin ser conscientes de la presencia de ese estímulo. Según Schmaltz, esto no significa que el infrasonido haga creer en fantasmas, pero sí puede generar una sensación de incomodidad que algunas personas interpretan como una presencia.

La verdadera razón de las experiencias paranormales

El estudio contó con 36 voluntarios expuestos a distintos entornos sonoros, algunos de ellos acompañados de infrasonidos de 18 hercios generados mediante dispositivos ocultos. Antes y después del experimento, se midieron los niveles de estrés a través del cortisol y el estado emocional de los participantes.

Los resultados fueron claros: quienes estuvieron expuestos al infrasonido mostraron mayor irritabilidad, menor interés en la actividad y un aumento significativo del cortisol. Además, tendían a percibir la música como más triste, incluso sin ser conscientes de la presencia de ese estímulo. Según explicó Schmaltz, «es importante dejar claro que el infrasonido no hace que la gente crea que ha visto un fantasma». Sin embargo, añade que «puede generar una incomodidad inexplicable que algunas personas interpretan como una presencia o una experiencia paranormal».

Los datos encajan con encuestas como la de YouGov, que indican que un 60% de la población ha vivido algún fenómeno paranormal y que un 35% afirma haber sentido una presencia o energía desconocida. Este patrón sugiere que el cerebro tiende a buscar explicaciones cuando se enfrenta a estímulos ambiguos. Además, el hecho de que los participantes no supieran si estaban siendo expuestos al infrasonido refuerza la idea de que estas reacciones son inconscientes. El cerebro, al no identificar el origen del malestar, puede atribuirlo a causas externas o incluso sobrenaturales.

«En definitiva, el estudio sobre experiencias paranormales utilizó una combinación de medidas de autoinforme y biológicas para demostrar que el infrasonido puede tener propiedades irritantes y aversivas en los seres humanos. De manera similar, el infrasonido parece influir en un aumento de la valoración afectiva negativa. No se detectaron evidencias en esta muestra que sugirieran que el infrasonido sea ansiógeno o que provoque afecto positivo durante la exposición a estímulos positivos, lo que implica que el infrasonido está asociado a estados afectivos negativos y no a un aumento general de la activación. Considerando la prevalencia del infrasonido en y alrededor de los entornos humanos, estos hallazgos destacan la posible importancia de identificar y mitigar las fuentes de contaminación por infrasonido en nuestro entorno», concluyen los investigadores.

¿Los fantasmas existen?

La creencia en fantasmas ha estado presente en la cultura humana durante siglo, pero, hasta la fecha, la ciencia no ha encontrado pruebas concluyentes que demuestren la existencia de estos fenómenos. En cambio, las investigaciones apuntan a explicaciones relacionadas con la psicología humana y la forma en que el cerebro procesa la información.

Investigadores como Christopher French, profesor emérito de Psicología en Goldsmiths, de la Universidad de Londres, han estudiado estos casos durante años. Según su trabajo, la mayoría de los encuentros con fantasmas son «interpretaciones sinceras pero erróneas» de eventos naturales. Es decir, el cerebro puede engañarnos y hacernos percibir cosas que no están realmente presentes, generando la sensación de una presencia.

Uno de los factores clave es el «efecto expectativa», que indica que lo que esperamos influye en lo que percibimos. Por ejemplo, si una persona entra en un lugar que cree encantado, es más probable que interprete ruidos o sombras como algo paranormal, incluso si tienen una explicación normal. El cerebro, condicionado por ideas previas, puede crear percepciones que parecen reales.

También destaca la pareidolia, un fenómeno por el cual el cerebro detecta patrones, como rostros o figuras humanas, en objetos o sombras aleatorias.  A ello se suman los falsos recuerdos, ya que la memoria humana es maleable y puede modificarse con el tiempo, incorporando detalles que no ocurrieron realmente.

Por último, otra explicación relevante es la parálisis del sueño, una condición en la que la persona está consciente pero no puede moverse, acompañada a menudo de sensaciones de presencia o alucinaciones visuales y auditivas.

(FUENTE: okdiario.com)

domingo, 8 de junio de 2025

Christopher French, el psicólogo que aclara por qué vemos fantasmas: "Tiene una explicación"

La razón por la que creemos en fantasmas y no en otros seres sobrenaturales, como los vampiros, es un misterio para la psicología. ¿Quién te dice que ese ruido que has escuchado en medio de la noche no lo ha hecho un hombre lobo, en lugar de un espíritu vengativo? Es un misterio, pero la estadística lo demuestra: mientras que el 46% de los estadounidenses reconocen creer en fantasmas, apenas un 7% cree en los vampiros, informa Ipsos en 2019.

Lejos de bromas, lo cierto es que el mito del fantasma sigue vivo en pleno siglo XXI. De hecho, un estudio realizado por Pew Research en 2015, asegura que el 18% de las personas creemos haber visto un fantasma o haber estado en presencia de uno de ellos.

La realidad tras estos fenómenos, sin embargo, puede ser bastante decepcionante, como explica el psicólogo de fama mundial Christopher French en su libro, The Science of Weird Shit: Why Our Minds Conjure the Paranormal. Casi todos se deben a diferentes sesgos cognitivos.

Hay una explicación para todo esto

“El hecho de que no se te ocurra una explicación no significa que no exista”, explica el profesor emérito de la Universidad de Londres para Live Science, asegurando que esas sombras y fantasmas que vemos por las esquinas no son realmente lo que creemos.

Es difícil que asumas estas palabras si crees haber vivido una experiencia paranormal. Cuando no podemos explicar qué hace que las puertas se abran y se cierran, un vaso caiga irracionalmente al suelo o incluso veas rostros en la oscuridad, lo lógico es asustarse.

Pero el profesor de psicología asegura que los avistamientos de fantasmas son, a menudo, “sinceras malas interpretaciones de cosas que sí tienen una explicación natural”.

Las explicaciones más comunes para este tipo de fenómenos, asegura French, son las siguientes: alucinaciones, falsos recuerdos y la famosa pareidolia, que nos hace ver rostros en toda clase de objetos inanimados, y de la que hablaremos con detalles más adelante. 

Podría ser una cuestión médica

Además de estas tres causas habituales, explica French para el citado medio, hay “algunas afecciones médicas que aumentan la probabilidad de percibir encuentros fantasmales”. Son el principal motivo de estudio del psicólogo, y su nombre seguro que te suena: parálisis del sueño.

La parálisis del sueño es una experiencia bastante desagradable que quizá hayas vivido, en la que crees estar despierta, pero no puedes moverte. En estas ocasiones, muchas personas aseguran ver cosas horribles, entre las que destacan las presencias malignas.

“Es como si tu mente se despertara, pero tu cuerpo no”, explica French en su entrevista. “Se produce una interesante mezcla de conciencia, de vigilia y consciencia onírica, y el contenido del sueño se transmite a la consciencia de vigilia. Los resultados pueden ser absolutamente aterradores”.

El experto asegura que las personas que sufren parálisis del sueño, si no son previamente conscientes de lo que les sucede, pueden asumir que han tenido una experiencia sobrenatural. Pero incluso durante este desagradable proceso, lo que vemos es fruto de nuestro cerero, y no algo real.

La pareidolia: ver caras donde no las hay

La pareidolia es otra de esas grandes culpables de que veamos fantasmas, asegura French y confirma otro experto en la materia, el psicólogo clínico y profesor de la Universidad del Sur de Illinois, Stephen Hupp. Este último, en una entrevista para Lives Science, asegura que “una causa común (de las apariciones fantasmales) podría ser la pareidolia, la tendencia de nuestro cerebro a encontrar patrones”, en especial cuando se trata de rostros y figuras humanas, “entre estímulos ambiguos”.

Ejemplos no nos faltan, asegura Hupp, como cuando “vemos rostros o figuras en las nubes”. Otor caso común es “cuando las formas y sombras aleatorias en una casa oscura parecen un fantasma”.

La incertidumbre

Aunque todas estas teorías pueden explicar la experiencia en sí, hay algo más tras el fenómeno del fantasma. Como decíamos al principio, muchos creen en los fantasmas, pero no en los vampiros, por ejemplo.

Para el profesor Hupp, esto se debe a que hemos elegido, cultural y socialmente, al fantasma como el chivo expiatorio de la incertidumbre. “Aún hay mucho en este universo que no entendemos”, explica le profesor, “y es reconfortante llenar ese vacío con explicaciones. Las explicaciones sobrenaturales a menudo se plantean con seguridad, incluso cuando no hay pruebas reales, y esta seguridad proporciona una falsa sensación de verdad”.

Al fin y al cabo, con el fantasma podemos matar dos pájaros de un tiro. Le perdemos el miedo a la muerte, imaginando esta especie de vida segunda, y de paso resolvemos el terror que nos producen los ruidos o las sombras que no nos explicamos.

Hay otro factor más que entra en juego, explica el psicólogo Christopher French, y es que es mucho más fácil que asumamos haber visto a un fantasma cuando queremos creer que lo hemos visto. Por ejemplo, cuando hemos perdido a un familiar, o cuando tenemos una firme fe en su existencia. Y es que el cerebro humano es propenso a pasar por alto aquello que no cuadra con su versión del mundo, y tiene un máster en sacar conclusiones precipitadas al intentar entender cualquier experiencia ambigua.

(FUENTE: cuerpomente.com)

Científicos rusos captaron un objeto con forma de "pájaro" saliendo del Sol y calculan que es 10 veces más grande que la Tierra

Un grupo de científicos del Laboratorio de Astronomía de la Academia de Ciencias de Rusia, con ayuda de los telescopios LASCO, captó un objeto con apariencia de “ave de fuego” muy cerca del Sol. Su envergadura es colosal: superaba los 150.000 kilómetros en una de sus “alas”, según los cálculos.

El descubrimiento revela que el objeto se encontraba a aproximadamente 2 millones de kilómetros por encima del Sol. Su contorno ha dado lugar a diversas interpretaciones, que van desde la posibilidad de una nave cercana al astro hasta explicaciones más tradicionales que lo vinculan con un fenómeno astronómico poco común. "Si asumimos que se trata de un objeto físico y no de un efecto óptico, el tamaño del 'ave' supera en más de 10 veces el diámetro de la Tierra", señala un comunicado oficial.

¿Qué objeto captaron los científicos rusos cerca del Sol?

La imagen provocó especulaciones entre usuarios en redes, pero la interpretación científica apunta a una prominencia solar, también conocida como eyección de masa coronal. El físico nuclear Evgueni Anpilogov explicó al medio RBC que se trata de materia solar relativamente fría que se desplaza por la magnetosfera.

"Se trata de material solar relativamente frío expulsado a la magnetosfera de nuestra estrella. Observo cómo esta corriente de partículas cargadas se aleja del Sol, abandonando sus límites", comentó Anpilogov. Según el experto, este tipo de fenómeno solar extraño es más visible cuando no se dirige a la Tierra, ya que no interfiere con los campos magnéticos de nuestro planeta.

Nos acercamos a un pico de actividad solar

El evento coincide con el incremento de actividad solar esperado dentro del ciclo solar 2025, un proceso de 11 años conocido como ciclo de Schwabe. Durante esta etapa, se intensifican las explosiones solares, las prominencias y los fenómenos magnéticos.

Este año, el Sol ya registró una llamarada de clase X —la más alta— con una duración de 17 minutos, el 25 de mayo por la mañana. Estos episodios permiten a los científicos observar más de cerca la dinámica del astro y anticipar posibles impactos en sistemas satelitales y de comunicación.

Los objetos gigantes en el espacio como este, cuando se detectan con precisión, ofrecen pistas sobre los mecanismos internos del Sol y los patrones de su comportamiento magnético. La observación constante por parte de herramientas como el telescopio LASCO resulta clave para entender estos objetos espaciales misteriosos.

(FUENTE: larepublica.pe)

Qué significa preferir quedarse en casa antes de salir con amigos, según la inteligencia artificial

La decisión de una persona de priorizar el tiempo en soledad, incluso cuando tiene la opción de compartir con su círculo social, suele percibirse de manera superficial como mera introversión o falta de interés.

No obstante, este tipo de conducta puede revelar una gama más compleja de patrones de personalidad, preferencias emocionales, estrategias cognitivas y hasta mecanismos de autorregulación psicosocial.

El análisis de estos comportamientos a través de sistemas de inteligencia artificial que se entrenan con datos provenientes de disciplinas como la psicología, la sociología y la neurociencia, permite una interpretación más rica y matizada de las razones detrás de la preferencia por permanecer en casa, lejos del bullicio social.

Qué refleja las emociones de la persona que presenta este comportamiento

Desde una perspectiva emocional, el deseo de permanecer en casa no necesariamente expresa retraimiento o evasión. Investigaciones procesadas por modelos de IA indican que, para muchas personas, el hogar funciona como un espacio de autorregulación emocional.

Según los modelos computacionales entrenados con datos de encuestas longitudinales, quienes exhiben altos niveles de introspección emocional tienden a preferir actividades domésticas, como leer, mirar películas o escuchar música, por sobre las interacciones grupales.

Además, la inteligencia artificial ha detectado que este comportamiento se correlaciona con un rasgo llamado “apertura a la experiencia interna”.

Por qué puede ser una forma de conservar energía mental y física

Desde el análisis de patrones de comportamiento energético, algunos algoritmos entrenados por investigadores en psicología conductual sugieren que las personas que prefieren quedarse en casa suelen tener una percepción más clara de su propio límite de energía social.

Este concepto, asociado a la llamada “fatiga social”, aparece con mayor frecuencia en individuos que puntúan alto en escalas de sensibilidad ambiental y sobreestimulación.

La inteligencia artificial también vincula esta conducta con la gestión de los recursos cognitivos. Permanecer en casa permite evitar interacciones que podrían requerir esfuerzo mental adicional, como interpretar señales sociales ambiguas o mantener conversaciones extensas.

Cómo puede reflejar este comportamiento un rasgo de autonomía personal

El análisis de grandes bases de datos psicológicas realizado mediante aprendizaje automático indica que una gran porción de personas que optan por quedarse en casa manifiestan altos niveles de autonomía conductual.

Este rasgo, medido a través de escalas de autodeterminación, se relaciona con la preferencia por estructurar el tiempo propio sin depender de dinámicas grupales. Según modelos de aprendizaje profundo aplicados al análisis de diarios personales y registros de actividad, esta preferencia puede constituir una señal de madurez emocional.

Quienes actúan de forma más autónoma suelen mostrar un patrón estable de satisfacción vital, sobre todo si su elección de aislamiento temporal no proviene de emociones negativas como miedo o rechazo, sino de una decisión deliberada de gestión del tiempo y el bienestar.

Qué impacto tiene la cultura en este comportamiento

La IA, al procesar metadatos provenientes de contextos socioculturales diversos, ha detectado que las razones para preferir quedarse en casa varían según el entorno cultural, económico y tecnológico.

En culturas más colectivistas, esta conducta suele percibirse como inusual, mientras que en entornos más individualistas o urbanos, es interpretada como una forma aceptada de autocuidado.

Asimismo, algunos modelos sociológicos apoyados por IA relacionan esta preferencia con fenómenos contemporáneos como la digitalización de las relaciones y el auge del entretenimiento doméstico.

El análisis de registros de comportamiento digital sugiere que la facilidad para acceder a experiencias gratificantes sin salir del hogar refuerza este tipo de decisiones, sobre todo en generaciones más jóvenes.

Por qué puede ser un indicador de estados psicológicos más complejos

Aunque no siempre se trata de un signo negativo, los modelos predictivos utilizados en psicología clínica advierten que, en ciertos casos, una preferencia sostenida y marcada por evitar el contacto social presencial puede coincidir con síntomas de ansiedad social, distimia o anhedonia.

La IA identifica estos patrones cuando se combinan varios factores: aislamiento prolongado, reducción del placer en actividades sociales previas y presencia de pensamientos autocríticos persistentes.

Es importante considerar que la IA no diagnostica, pero detecta correlaciones estadísticamente significativas. En estos casos, quedarse en casa no representa una elección autónoma, sino una respuesta condicionada por malestar psicológico.

(FUENTE: infobae.com)

lunes, 26 de mayo de 2025

Por qué los desastres naturales pueden aumentar las creencias paranormales

A raíz de devastadores incendios forestales, huracanes e inundaciones récord, las historias de fantasmas están encontrando un curioso resurgimiento. En las regiones más afectadas por los desastres naturales, las historias de avistamientos espeluznantes y presencias fantasmales parecen hacer eco del trauma que dejan estos eventos.

El duelo hace cosas poderosas en el cerebro, dice Leslie Hartley Gise, experta en psiquiatría de desastres que asesoró a los sobrevivientes de los incendios forestales de Hawái de 2023. "La gente ve y escucha a sus seres queridos después de que mueren. Creen que se están volviendo locos", dice.

Pero los psicólogos sugieren que estos encuentros sobrenaturales podrían reflejar cómo las personas procesan una pérdida abrumadora. Por ejemplo, durante el primer mes de los confinamientos por la pandemia de COVID-19 en el Reino Unido, la Unión Nacional de Espiritistas, que cree que se puede contactar con los espíritus de los muertos, experimentó un sorprendente aumento del 325 por ciento en las solicitudes de incorporación.

A raíz de calamidades como los recientes incendios de Maui, la inundación de Libia y el terremoto y tsunami de Tohōku en Japón, los supervivientes a menudo informan de encuentros inexplicables e inquietantes. Del mismo modo, durante la reciente pandemia, los exorcistas católicos y los investigadores paranormales informaron de un aumento de los clientes que buscaban sus servicios.

A medida que los desastres continúan remodelando nuestras vidas, este creciente interés en lo sobrenatural plantea la pregunta: ¿aumentará también la creencia en los fantasmas?

Cómo el trauma crea fantasmas

A nivel biológico, el duelo y el trauma pueden desencadenar la liberación de cortisol y otras hormonas del estrés, lo que provoca síntomas como la falta de sueño y la sobrecarga sensorial. Estos factores pueden contribuir a las alucinaciones que se sienten tan reales como los recuerdos reales, lo que puede explicar por qué muchas personas en duelo informan haber visto o escuchado a sus seres queridos fallecidos.

En las zonas de desastre, la sensación de irrealidad se intensifica. El ulular de las sirenas, las luces parpadeantes y la espeluznante visión de escuelas y calles abandonadas nos ponen nerviosos, preparándonos para percibir cosas que no están allí.

Gise dice que los sobrevivientes angustiados pueden sentir desrealización o despersonalización. "Sienten que el mundo no es real, o que no son la persona que eran, o que se miran en un espejo y no se ven a sí mismos", afirma.  Este fenómeno sugiere que, en lugar de ver realmente fantasmas, los individuos pueden sentirse como fantasmas ellos mismos.

Además, el estado del entorno edificado después de un desastre puede exacerbar estos sentimientos. En las zonas devastadas, los edificios que se desmoronan y los sitios industriales en llamas pueden liberar productos químicos tóxicos como mercurio, arsénico o pesticidas. Estos contaminantes pueden filtrarse en el suministro de agua y causar alucinaciones o incluso convulsiones precedidas por "una sensación de fatalidad inminente".

A medida que las comunidades luchan por reconstruirse, las tierras de cultivo desatendidas también pueden contribuir a los avistamientos fantasmales. ¿La razón? Los cultivos en descomposición pueden desarrollar cornezuelo, un hongo altamente psicoactivo que algunos investigadores creen que jugó un papel en la histeria puritana de las brujas de la década de 1690 en Salem, Massachusetts.

El poder perdurable de las historias de fantasmas

Los antropólogos Christine y Todd VanPool , de la Universidad de Missouri (Estados Unidos), argumentan que las historias de fantasmas han persistido en todas las culturas, no solo como cuentos que inducen miedo, sino como herramientas prácticas y simbólicas. En su reciente libro, An Anthropological Study in Spirits [Un estudio antropológico de los espíritus], sugieren que el folclore a menudo sirve para proteger a las comunidades, a veces advirtiéndoles que se alejen de lugares o personas peligrosas. Los fantasmas "pueden percibirse como peligros metafóricos que nos advierten de alguna manera de la codicia, la ira u otros rasgos antisociales", dice Christine.

Sin embargo, la apariencia de los fantasmas no siempre es humana, dice Todd. En algunas regiones, como los Alpes suizo-italianos, algunos residentes han "percibido un paisaje embrujado asociado con una forma de duelo" espoleado por "la pérdida de glaciares específicos". Es un fenómeno, añade, que suelen experimentar en todo el mundo las comunidades que se enfrentan a un cambio catastrófico del paisaje.

Pero, ¿por qué muchas sociedades parecen tan dispuestas a asustarse a sí mismas de manera proactiva? "Las historias de fantasmas pueden hacer que las comunidades se mantengan unidas", dice Christine. El vínculo social formado a partir de una historia transmitida de generación en generación puede reforzar los sistemas de creencias de la sociedad, garantizar que se cumplan los rituales funerarios o empujar a una comunidad a trabajar en conjunto para completar el trabajo de los muertos.

Esto es especialmente crucial en tiempos de crisis. Por ejemplo, después de los terremotos de 2023 en Turquía, los supervivientes lucharon por llorar adecuadamente a sus seres queridos en medio de la destrucción. La Organización Mundial de la Salud informó de un "trauma secundario" generalizado, con muchas personas "incapaces de enterrar a sus muertos". En casos como este, contar historias mantiene viva la esperanza y la memoria.

Después del tsunami y el desastre nuclear de Japón en 2011, hubo un resurgimiento del kaidankai, la narración comunitaria tradicional de fantasmas. El periodista Richard Loyd Parry, que escribió sobre la catástrofe en Ghosts of the Tsunami [Fantasmas del Tsunami], describió cómo los supervivientes esperaban activamente ver los fantasmas de sus seres queridos, buscando una conexión y un cierre.

Los efectos psicológicos de estos desastres no se limitan a la zona cero. Tras el tsunami de 2011, Gise recuerda cómo sus colegas fueron llamados para ayudar a la comunidad japonesa en Hawái, que quedó conmocionada por los acontecimientos al otro lado del Pacífico.

Para muchos, dice, tales condiciones pueden aumentar la "experiencia" de ver fantasmas. "Creo que veremos más de esto", dice Gise. La desinformación y los altos niveles de ansiedad que pueden hacer que los sobrevivientes vulnerables recaigan en drogas o alcohol que alteran la mente, están aumentando, dice.

(FUENTE: nationalgeographic.es)

domingo, 25 de mayo de 2025

Neuronas que predicen el futuro: ¿El cerebro puede anticipar lo que aún no ha vivido?

La capacidad humana de improvisar, adaptarse y anticipar parece tener una raíz más profunda de lo que se pensaba. Un grupo de científicos ha identificado un tipo de neuronas capaces de predecir lo que sucederá a continuación durante una tarea, incluso cuando el escenario es completamente nuevo. Este descubrimiento podría reconfigurar nuestra comprensión sobre cómo pensamos, actuamos y aprendemos.

El cerebro no solo recuerda, también proyecta

El hallazgo, publicado en la revista Nature, se basa en un experimento con ratones, pero sus implicancias apuntan directamente al funcionamiento del cerebro humano. Investigadores descubrieron en la corteza cerebral un grupo de neuronas bautizadas como “de progreso hacia el objetivo”. A diferencia de las place cells del hipocampo —que se activan según la ubicación espacial— estas nuevas células responden al avance dentro de una tarea.

En otras palabras, no solo mapean dónde está el cuerpo, sino en qué punto del proceso se encuentra. Esto convierte al cerebro en algo más parecido a un GPS del comportamiento: capaz de calcular el siguiente paso antes de haberlo experimentado.

Una guía interna para tareas nuevas

Durante el experimento, según cuenta El Confidencial, los ratones aprendieron a buscar recompensas en distintos puntos. Aunque las ubicaciones cambiaban, los animales predecían correctamente sus siguientes movimientos. Esto no se explicaba por la memoria, sino por la capacidad de identificar patrones de estructura en las acciones.

Al registrar su actividad cerebral, los científicos notaron que ciertas neuronas se encendían al completar el 70 % del recorrido hacia una meta. Otras se activaban en etapas intermedias, como si el cerebro fragmentara la tarea para gestionarla por partes. Este mecanismo podría ser la clave detrás de nuestra habilidad para improvisar recetas o resolver problemas sin instrucciones claras.

Una nueva forma de pensar sobre el pensamiento

El estudio confirma que el cerebro no solo almacena recuerdos, sino que también codifica la lógica de las acciones. Este modelo le permite proyectar escenarios y adaptarse a contextos inéditos con base en aprendizajes anteriores.

Los investigadores sugieren que estas neuronas podrían ser la base biológica de habilidades como la imaginación, la inferencia y la planificación. Más allá del campo médico, este hallazgo también abre puertas al desarrollo de inteligencia artificial que no se limite a repetir patrones, sino que pueda generalizar tareas como lo hace el cerebro.

Implicancias futuras

Saber que el cerebro actúa con mapas internos basados en el avance de una tarea —y no solo en el espacio— redefine nuestra comprensión de la mente. Esta codificación abstracta del comportamiento confirma que pensar es mucho más que recordar: es anticipar, organizar y crear posibilidades aún no vividas.

En un mundo que avanza hacia tecnologías cada vez más inteligentes, entender cómo anticipamos lo desconocido podría ser la pieza clave para construir máquinas que no solo imiten, sino que razonen como nosotros.

(FUENTE: es.gizmodo.com)

Qué es el ‘síndrome de la niña buena’: el patrón que afecta a miles de personas y genera infelicidad en adultos


“Tengo 40 años y recién ahora estoy aprendiendo que está bien decir que no. Estaba decidida a que mis hijas no fueran tan complacientes como yo. Por eso, las animé a descubrir que existe otra posibilidad: la de cuestionar las cosas y resistir", cuenta Liliana Ebos, mamá de dos adolescentes y mujer que ha vivido en carne propia lo que es tener el ‘síndrome de la niña buena’.

Cuenta que sus elecciones en la crianza hicieron que todo se vuelva más difícil, pero asegura: “Prefiero tener adolescentes fuertes, con la confianza necesaria para ir a contracorriente, que hijas tímidas y obedientes solo para hacerle la vida más fácil a los demás”.

Tras largos años de terapia y de mucha convicción para salir de esos patrones que la configuraron para ser una persona complaciente afirma que sí es posible dejar de ser una ‘niña buena’.

¿Qué es el síndrome de la niña buena?

De acuerdo con la biblografía, el ‘síndrome de la niña buena’ es un término que acuñó por primera vez la psicoterapeuta estadounidense Beverly Engel en su libro The Nice Girl Syndrome (2008) y que, según desarrolla, afecta mayoritariamente a la población femenina, aunque también puede ocurrir en hombres.

El término fue acuñado por primera vez por la psicoterapeuta estadounidense Beverly Engel en su libro The Nice Girl Syndrome (2008) 

Se trata de patrones de conducta arraigados en la infancia que se manifiestan, por ejemplo, en no traer problemas, estar siempre con una buena cara, ser agradables, serviciales, atentos y, sobre todo, anteponer los deseos de los demás por sobre los propios.

“Son individuos que desde una temprana edad asimilaron que para ser queridos tenían que darlo todo y adaptarse a todo tipo de circunstancias”, desarrolla Victoria Almiroty, licenciada en Psicología (M.N. 56875). “Su lugar es ser la variable de ajuste del resto”.

Puede leerse como un cliché o el arquetipo de un personaje digno de una película, pero en verdad es un patrón profundamente arraigado que moldea la vida de muchas personas. De acuerdo con la Lic. Almiroty estas conductas complacientes pueden desencadenarse también en personas que han sido criadas por padres abusivos (porque constantemente sienten que se tienen que adaptar a las dificultades) o poco presentes en la vida de sus hijos. En el último caso, explica, han tenido que ir a buscar el amor afuera de sus casas y han tenido que ser muy agradables para conquistar a gente externa a su núcleo familiar.

Según se informa en análisis psicológicos de renombre, como el de la psicóloga Alice Miller, este síndrome puede llevar a una profunda desconexión con uno mismo. Como explica la profesional en El drama del niño superdotado, los síndromes de “niña buena” o “niño bueno” reprimen las verdaderas emociones y deseos de una persona como consecuencia de experiencias negativas durante la crianza. “Así se genera una autoimagen distorsionada y la incapacidad de forjar relaciones sanas", declara la académica en su obra.

De acuerdo con los manuales de diagnóstico de salud mental, el ‘síndrome de la niña buena’ no se considera un trastorno mental como sí lo es la depresión o la ansiedad. “Es más bien un síndrome adaptativo muy frecuente, con rasgos que se entrelazan con la fobia al conflicto, la dependencia emocional, el perfeccionismo y la baja autoestima”, acentúa Almiroty.

De no tratarlos o en caso que su sintomatología se vuelva persistente, podría llevar a la pérdida de identidad, baja autoestima, ansiedad y problemas emocionales varios.

Otros síntomas del ‘síndrome’ que destacan los profesionales son:

Encontrarse constantemente ahogado por responsabilidades

Tener el autocuidado como último en la lista de tareas

Sentir una culpa abrumadora cuando se prioriza la vida y los deseos propios

Dificultad para expresar opiniones y preferencias

Asentir y/o estar de acuerdo incluso cuando no se lo está

A pesar de alcanzar logros, sentir un vacío persistente

Tener una necesidad de perfección extrema

Miedo a defraudar, al rechazo, a la crítica

Consecuencias de tener el síndrome de la niña buena

En su libro best seller, Engel señala que este tipo de personas derivan en relaciones abusivas y que la infelicidad es una constante en sus vidas.

Al no poder conectar con los deseos propios y crear una identidad en base a la necesidad ajena, Almiroty reconoce que −de comenzar a tratar el tema en terapia−, los focos centrales a fortalecer son: la autoestima, el sentido del valor propio, el egoísmo responsable, la verdadera identidad.

La investigación “Are women the more empathetic gender? The effects of gender role expectations” pone de manifiesto que, por ejemplo, la creencia de que las mujeres son inherentemente más empáticas que los hombres crea expectativas de que las mujeres son emocionalmente hábiles y cariñosas. “En un esfuerzo por mantener la paz y obtener aprobación, asumen el papel de la ‘niña perfecta’, esforzándose por cumplir con las expectativas y evitar los conflictos. Este patrón continúa en la edad adulta, donde el trauma no resuelto lleva a priorizar constantemente a los demás”, se detalla en el escrito.

Asimismo, sus estrategias de afrontamiento pueden volverse perjudiciales con el tiempo. Así lo revela la investigación “Politraumatización, mecanismos de defensa, Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) complejo en adolescentes” donde se informa que dichos mecanismos alteran los procesos naturales de autorregulación y regulación de las emociones, a veces llegando a desatar síntomas del TEPT y del TEPT complejo.

A continuación, una serie de herramientas o técnicas que aconseja Almiroty para revertir estas conductas:

Técnica del “no afirmativo”: “No, gracias, prefiero esto otro…”

Registro corporal: detectar si hay tensión en garganta o pecho = señal de que el “sí” fue forzado.

Pregunta guía: “¿Esto lo quiero yo o lo hago para que me quieran?”

Ejercicio de escritura: anotar 5 deseos reprimidos y accionar sobre uno por semana.

Mantra: “Decir lo que pienso no rompe el vínculo, lo hace real”.

Técnica de role play frente al espejo para practicar frases firmes con tono cálido.

Aprender a no hacerse cargo de emociones ajenas: “Puedo entenderte sin solucionarte todo”.

Los mecanismos que usan estas personas alteran los procesos naturales de autorregulación y regulación de las emociones

(FUENTE: lanacion.com.ar)

domingo, 18 de mayo de 2025

Un científico de Harvard reveló cuál es una forma eficaz de aliviar el dolor emocional

En una sociedad que constantemente busca la felicidad, Arthur C. Brooks se convirtió en un faro de conocimiento y práctica. Este académico de Harvard sostiene que la clave para alcanzar el bienestar no reside solo en dar, sino también en saber recibir.

Basado en investigaciones recientes, propone una visión recíproca de la generosidad que redefine cómo nos relacionamos con los demás y con nuestro propio malestar emocional.

¿Quién es Arthur Brooks?

Arthur C. Brooks tuvo un camino notable que lo llevó a ser uno de los expertos más reconocidos en el campo de la felicidad. Desde sus cátedras en la Escuela de Negocios de Harvard y la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, Brooks impone su autoridad académica mientras explora la relación entre el altruismo, el bienestar emocional y la comunidad. Es autor de múltiples obras que examinan cómo el dar y la gratitud pueden cambiar vidas, y comparte sus hallazgos en columnas semanales en medios como The Atlantic.

No solo se dedica a la investigación teórica; su enfoque práctico y empático hacia la divulgación científica busca proporcionar herramientas concretas para lograr una vida plena. Al mezclar la rigurosidad académica con un talento excepcional para la comunicación, Arthur Brooks logró que sus ideas resuenen más allá del ámbito universitario, llegando a miles de personas que buscan transformar su vida cotidiana.

Cómo aliviar el dolor emocional

A lo largo de la vida, las personas enfrentan diferentes episodios de dolor emocional. Brooks ofrece una perspectiva innovadora: aliviar este tipo de sufrimiento a través del acto de dar. En lugar de centrase en recibir apoyo, Brooks sostiene que el bienestar emocional se fortalece mediante el altruismo.

Estudios científicos han explicado este fenómeno. Las investigaciones han demostrado que actos de generosidad, por pequeños que sean, pueden incrementar la liberación de endorfinas, los analgésicos naturales del cuerpo. Además, una revisión publicada en la revista Nature refiere cómo los actos de bondad no solo aumentan nuestra satisfacción personal, sino también reducen el estrés.

A su vez, el circuito cerebral de recompensa se activa mediante la acción desinteresada, lo que nos permite recuperar el equilibrio emocional.

Por qué ayudar a otros combate el dolor propio

La pregunta de cómo ayudar a otros puede compensar nuestro propio dolor es profunda. Brooks enfatiza que los actos de generosidad permiten transformar el dolor emocional, promoviendo sentimientos de conexión y gratitud hacia quienes nos rodean.

Numerosos estudios respaldan la idea de que la participación en actividades altruistas no solo mejora la vida de otros, sino que también tiene un impacto positivo en quien las realiza.

Las investigaciones demostraron que estas acciones reducen síntomas de depresión y ansiedad al fomentar un sentido de propósito . Arthur Brooks insiste en la importancia de complementar el dar con la habilidad de recibir. Esto cierra el ciclo de generosidad, fortaleciendo relaciones y asegurando que ambos lados sientan el beneficio del intercambio.

Las pequeñas interacciones cotidianas, como pedir un consejo o invitar a un café, son actos que sostienen el intercambio emocional positivo que mejora el bienestar personal sin exigir reciprocidad inmediata. Según estudios mencionados por Brooks, las personas dispuestas a hacer un favor en el pasado son más propensas a repetir el acto, creando un ciclo virtuoso de felicidad compartida .

Arthur Brooks ilumina con su visión una nueva forma de entender el bienestar emocional. A través del equilibrio entre dar y recibir, las personas no solo aumentan su satisfacción personal, sino que fomentan una cultura de empatía y comunidad.

Su llamado es a repensar la forma en que entendemos y practicamos el altruismo, desafiando antiguas nociones de soledad con el poder transformador de la generosidad.

(FUENTE:  infobae.com)

domingo, 11 de mayo de 2025

El nombre podría influir en la apariencia facial, según la ciencia

Un estudio reciente plantea que el nombre de una persona podría influir en su apariencia facial a lo largo de los años. Según detalló Science Focus Magazine, el análisis se apoya en el fenómeno denominado “efecto de coincidencia entre nombre y rostro”, donde se logra reconocer la denominación de alguien a partir de su fisonomía con una exactitud asombrosa, superando las probabilidades de un simple azar.

Este hallazgo plantea dos posibilidades: los padres podrían elegir un nombre que coincida con la apariencia de su bebé, o los nombres podrían influir en la apariencia de las personas, haciendo que eventualmente se asemejen a su nombre de una manera perceptible para los demás.

Un equipo de investigadores israelíes llevó a cabo una serie de estudios en 2024 para explorar estas hipótesis. En uno de los experimentos, se pidió a los participantes que emparejaran rostros de adultos y niños con sus nombres correctos.

Los resultados mostraron que los participantes lograron mejores resultados con los rostros de adultos, pero tuvieron dificultades con los de los niños. Esto sugiere que las personas tienden a parecerse a su nombre con el tiempo, en lugar de recibir un nombre que ya se ajuste a su apariencia desde el nacimiento.

Otro estudio utilizó el aprendizaje automático para analizar las semejanzas faciales entre individuos con el mismo apelativo y aquellos sin él. Los hallazgos revelaron que los adultos que compartían nombre presentaban una mayor correspondencia en sus rasgos faciales, a diferencia de lo que ocurrió con los menores. Esto refuerza la teoría de que dicha afinidad se manifiesta con el paso de los años.

Además, las experiencias de las personas pueden ser influenciadas por los estereotipos que evocan sus nombres. Por ejemplo, un maestro que asocia un nombre con un comportamiento disruptivo podría mostrar prejuicios hacia un niño con ese nombre, afectando negativamente la percepción del niño sobre la escuela. Este tipo de interacciones refuerzan la idea de que los nombres pueden tener un impacto significativo en las experiencias de vida.

En tanto, investigaciones previas han demostrado que el nombre de una persona puede afectar sus experiencias. Un estudio alemán de 2011 encontró que las personas con nombres menos populares, como Kevin en comparación con Alexander, tienen menos éxito en las citas en línea y son menos propensas a recibir ayuda de extraños.

Otro estudio sugirió que tener un nombre raro está vinculado a una mayor probabilidad de terminar en una carrera inusual.

(FUENTE; infobae.com)

sábado, 10 de mayo de 2025

Un estudio reveló cómo la ilusión de la memoria puede alterar la percepción del tiempo

Un nuevo estudio revela que la repetición de una experiencia puede alterar la memoria temporal, haciendo que los recuerdos parezcan más antiguos de lo que realmente son.

Investigadores de la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Carolina del Norte identificaron este fenómeno, al que llamaron “efecto de repetición temporal”, lo que desafía las teorías tradicionales sobre cómo organizamos los eventos en nuestra memoria.

La memoria no tiene una “fecha y hora” precisas, sino que depende de múltiples factores para ubicarse en el tiempo. Estudios previos sugerían que los recuerdos más intensos y vívidos suelen percibirse como más recientes, ya que la memoria tiende a desvanecerse con el tiempo, según información de la revista sobre ciencia New Scientist.

Sin embargo, el nuevo hallazgo contradice esta idea: cuanto más veces se experimenta un evento, más lejos en el pasado parece haber ocurrido.

Un efecto medido en el laboratorio

Para demostrar este fenómeno, los investigadores llevaron a cabo seis experimentos en los que expusieron a los participantes a diferentes secuencias de imágenes.

Algunas imágenes se mostraban solo una vez, mientras que otras aparecían repetidas hasta cinco veces. Luego, se pidió a los participantes que indicaran en qué momento creían haber visto cada imagen por primera vez.

Los resultados fueron contundentes: las imágenes repetidas se recordaban como si hubieran aparecido mucho antes en el tiempo, en comparación con las que solo se vieron una vez.

Además, el efecto aumentaba con la cantidad de repeticiones; cuanto más veces se veía una imagen, más antigua parecía en la memoria de los participantes.

En algunos casos, la distorsión alcanzó hasta un 25% del tiempo total del experimento, lo que sugiere que este sesgo en la percepción del tiempo no es menor.

Un desafío a las teorías de la memoria

Estos hallazgos entran en conflicto con la visión tradicional de que la memoria sigue una lógica de “fortaleza temporal”, donde los recuerdos más fuertes se sienten más recientes.

Alexander Easton, de la Universidad de Durham, afirmó que este descubrimiento desafía las teorías actuales sobre la memoria, ya que indica la existencia de mecanismos adicionales que aún no se comprendieron por completo, según New Scientist.

Otros investigadores propusieron explicaciones alternativas. Martin Wiener, de la Universidad George Mason, sugirió a la misma revista que el cerebro podría estar tratando la repetición como una señal de “magnitud temporal”, similar a cómo los objetos grandes se recuerdan mejor que los pequeños.

El estudio también desmintió la idea de que el efecto de repetición es solo una estrategia mental consciente.

En encuestas realizadas después de los experimentos, los participantes no pudieron identificar una regla que explicara su percepción del tiempo, lo que sugiere que se trata de un fenómeno automático e involuntario.

“El hecho de que nuestro efecto difiera de la literatura previa quizás sugiere que hay diferentes mecanismos en juego para recordar cuándo ocurrió algo por primera vez versus recordar cuándo ocurrió algo más recientemente”, afirmó Brynn Sherman, de la Universidad de Pensilvania, a New Scientist.

Una memoria más frágil de lo que pensamos

El estudio también demostró que el efecto persiste incluso cuando el recuerdo se mide una semana después de la primera exposición.

Esta persistencia sugiere que el “efecto de repetición temporal” no es solo un sesgo momentáneo, sino una característica profunda de la memoria.

Si repetir una experiencia la hace parecer más lejana en el tiempo, esto plantea preguntas fundamentales sobre la fiabilidad de nuestros recuerdos ¿Hasta qué punto se puede confiar en la forma en que la mente organiza el pasado? La respuesta podría transformar la comprensión de la memoria y su relación con la percepción del tiempo.

(FUENTE: infobae.com)

sábado, 3 de mayo de 2025

Solo cuatro semanas bastan para que un hombre se enamore, según un estudio global

¿Hay diferencias de género en la forma y el tiempo en que las personas desarrollan sentimientos amorosos...? Esta es apenas una de las preguntas que motivaron un amplio estudio de la Universidad Nacional de Australia, cuyos resultados desafían ciertas ideas preconcebidas sobre el proceso de enamoramiento.

Los investigadores encuestaron a personas jóvenes —de entre 18 y 25 años— en 33 países, abordando aspectos emocionales y conductuales relacionados con el amor, tales como la frecuencia con la que se habían enamorado, el momento en que reconocieron esos sentimientos, su intensidad, nivel de compromiso y el grado de pensamientos obsesivos asociados a sus parejas.

El hallazgo más sorprendente fue que, en promedio, los hombres se enamoran más rápido que las mujeres. Pero no necesariamente de manera más profunda.

Para ellos...

Según el informe, los varones suelen enamorarse en un plazo promedio de apenas cuatro semanas desde que conocen a alguien que les interesa sentimentalmente.

En términos comparativos, se trata de un mes de ventaja respecto a las mujeres, quienes necesitan más tiempo para desarrollar emociones amorosas sólidas.

Lejos de los estereotipos que asocian lo emocional exclusivamente con lo femenino, el estudio sugiere que los hombres suelen tener claridad temprana sobre si una persona será objeto de su afecto.

Su experiencia amorosa inicial se caracteriza por una especie de certeza rápida que, sin embargo, no siempre se traduce en relaciones duraderas o profundas.

Amor frecuente pero menos intenso

Aunque los hombres mostraron una ligera tendencia a enamorarse con mayor frecuencia, los investigadores matizan este dato: la diferencia estadística es mínima, y lo verdaderamente distintivo es la manera en que hombres y mujeres experimentan ese enamoramiento.

Las mujeres, aunque tardan más en enamorarse, reportaron niveles mucho más altos de intensidad emocional. Su vivencia amorosa tiende a evolucionar lentamente, al calor de una conexión que se va construyendo con el tiempo y que, cuando se consolida, suele implicar un mayor compromiso.

Las emociones femeninas, según los datos del estudio, “se cuecen a fuego lento”, y suelen estar más vinculadas a la estabilidad, la reciprocidad y la introspección.

La cultura del amor también importa

Uno de los aspectos más destacados del informe es el rol que juegan los factores socioculturales en las diferencias de género. En países con altos niveles de igualdad, por ejemplo, tanto hombres como mujeres mostraron una menor tendencia a desarrollar pensamientos obsesivos o a apresurar el compromiso.

Esto sugiere que los comportamientos amorosos no solo se explican por disposiciones psicológicas individuales, sino que están atravesados por normas sociales, expectativas de género y roles tradicionales.

En contextos donde persiste la presión cultural hacia el varón como proveedor emocional y afectivo, es más frecuente que ellos sientan la necesidad de expresar con rapidez su interés romántico, como una forma de validación ante la pareja.

En palabras de los autores del estudio, “la desigualdad de género sigue siendo un componente central en la manera en que las personas aprenden a vincularse afectivamente, y condiciona tanto los tiempos como la calidad del enamoramiento”.

Enamorarse tras el compromiso

Otro hallazgo significativo fue que el 40% de los participantes afirmó no haber sentido amor hasta que la relación ya estaba formalizada o en vías de consolidación.

Para ese grupo, el vínculo emocional surgió a partir de un proceso relacional sostenido, y no desde una atracción inmediata.

Esto refuerza la idea de que el amor no es un fenómeno universalmente instantáneo ni previsible. Al contrario, puede emerger de distintas maneras: a veces como un flechazo, otras como una construcción paulatina que se alimenta del conocimiento mutuo, la intimidad emocional y la decisión de apostar por una conexión auténtica.

Sin cronómetros emocionales

En sus conclusiones, los investigadores insisten en evitar las generalizaciones. Aunque los datos permiten establecer ciertas tendencias, la experiencia amorosa sigue siendo única e irrepetible para cada persona.

No hay reglas fijas ni tiempos normativos para enamorarse, y cualquier intento de imponer un calendario afectivo puede generar ansiedad o frustración innecesaria.

“El amor llega cuando debe llegar”, afirman los autores, “y cada quien sabrá si está o no enamorado”.

La sugerencia, entonces, es clara: los estudios sobre el comportamiento amoroso pueden ofrecer un marco útil para entender ciertos patrones generales, pero no deben funcionar como mandatos. Más bien, invitan a observar nuestras propias experiencias con mayor libertad, autenticidad y conciencia-

(FUENTE: infobae.com)

jueves, 17 de abril de 2025

El fin del amor: un estudio analiza “las dos etapas” que anticipan una ruptura

¿Qué determina el fin de una relación de pareja? ¿Es posible anticipar un evento de estas características aun cuando el vínculo es estable y saludable? Según un estudio realizado por Janina Bülher de la Universidad de Magnucia en Alemania y Ulrich Orthe de la Universidad de Berna en Suiza, la fase final de una relación sentimental no aparece de la nada. De hecho, afirman en un artículo publicado en la revista Journal of Personality and Social Psychology que es un fenómeno que se da en dos etapas. Desde la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes exploramos las implicancias de este estudio.

El fin de una relación de pareja puede tener motivos diversos y no aparece por arte de magia. Los científicos europeos afirman que las dos etapas en las que esto ocurre lleva al fin del vínculo amoroso, como mucho, luego de los dos años. Una vez que el proceso comienza, ya nada lo detiene. Los datos relevados en la publicación se basan en estudios que involucraron a casi 12 mil participantes. Bühler y Orth se enfocaron en cuatro estudios previos realizados en Alemania, Australia, Inglaterra y Holanda.

La primera etapa de la ruptura de un vínculo sentimental comienza con un descenso de la satisfacción dentro de la pareja. Esto puede ser rápido o tomar algunos años y se da por un abanico de motivos. Una actitud desagradable o ideas que se contraponen son las que inician el deterioro. Luego, se produce una transición crítica, algo así como un punto de no retorno que da inicio a la segunda etapa. El desgaste que antes de daba a una velocidad leve, comienza a acelerarse y el declive se da de forma pronunciada. Desde aquí ya no hay nada por hacer y la separación se producirá, según afirman de forma tajante en el artículo científico. Todas las parejas estudiadas terminaron su relación entre siete y veinticuatro meses luego del punto de no retorno.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que el estudio no incorpora factores contextuales que podrían ser determinantes al momento de decidir una ruptura. Por ejemplo, no se consideran aspectos económicos. Todos los participantes del estudio pertenecen a países que tienen economías desarrolladas y separarse no es barato. Tampoco se contemplan factores culturales: hay sociedades en las que el machismo está más presente y la dominación del hombre con respecto a la mujer podría ser decisiva al momento de tomar esta decisión de vida. Más aún con regímenes que son opresivos y marcan profundas diferencias entre los géneros. Además, las costumbres religiosas también pueden influir en la continuación o el fin de las relaciones.

Queda por ver si la ciencia, con números que miden sentimientos, llega a tener conclusiones más profundas sobre los vínculos de pareja.

(FUENTE: agencia.unq.edu.ar)

Así se comporta un cerebro hipnotizado

Imagine que va al dentista y le dice que en lugar de anestesia, va inducirle un trance hipnótico... ¿Aceptaría? Para muchas personas la hipnosis se asocia con pérdida de control y trucos escénicos. Para otros supone un alivio del dolor o incluso de sus fobias. Y es que esta técnica, controvertida o no, está empezando a abrirse paso en medicina . Cada vez más dentistas la utilizan para pacientes especialmente reacios a los cuidados dentales o para tratar a los niños. Incluso parece mejorar los síntomas en patologías como el colon irritable.

Su uso terapéutico se basa en inducir un estado de relajación profunda y enseñar a las personas a tomar el control de sus síntomas . En el caso del colon irritable, se ha demostrado que la hipnosis reduce los síntomas gastrointestinales, como la sensibilidad, la fuerza de las contracciones musculares del intestino y la secreción de ácido gástrico. Pese a ser la forma más antigua de la psicoterapia occidental, se está adaptando y empieza incluso a utilizarse la hipnoterapia a través de Skype . "De hecho, es un medio muy poderoso de cambiar la forma en que usamos nuestra mente para controlar la percepción y nuestros cuerpos", explica David Spiegel, profesor y director asociado de psiquiatría y ciencias del comportamiento de la Universidad de Stanford.

Sin embargo, pese a su creciente potencial clínico de la hipnosis, se sabe poco acerca de cómo funciona a un nivel fisiológico . Hay estudios dirigidos a determinar los efectos de la hipnosis sobre el dolor, la visión y otras formas de percepción, pero no al estado de la hipnosis en sí. "No hay ningún estudio en el que el objetivo sea simplemente ver lo que está pasando en el cerebro cuando está hipnotizado", resalta Spiegel. Así que decidió solucionarlo y ahora publica sus resultados en Cerebral Cortex.

Susceptibles y escépticos

Lo primero fue encontrar gente susceptible de ser hipnotizada. Sólo alrededor del 10 por ciento de la población general se clasifica como "altamente hipnotizable" , mientras que otros son menos capaces de entrar en el estado de trance hipnótico. Spiegel y sus colegas examinaron 545 participantes sanos y encontraron a 36 personas que puntuaban alto en las pruebas de la hipnotizabilidad, así como 21 sujetos que puntuaron en el extremo más bajo de estas pruebas, y sirvieron como control. "Es importante contar con las personas que no son capaces de ser hipnotizado como controles", destaca Spiegel. "De lo contrario, es posible que veamos las cosas que suceden en el cerebro de los que están siendo hipnotizado, pero no sería seguro si se asocian con la hipnosis o no."

Una vez seleccionados, observaron los cerebros de los 57 participantes mediante resonancia magnética funcional, que mide la actividad cerebral mediante la detección de cambios en el flujo sanguíneo. Cada persona se sometió a un escáner en cuatro condiciones diferentes: descanso, mientras recordaba algo y durante dos sesiones de hipnosis diferentes.

Las huellas de la hipnosis

Spiegel y sus colegas descubrieron tres características distintivas del cerebro en estado de hipnosis, observadas solo en el grupo altamente hipnotizable mientras estaban experimentando la hipnosis.

En primer lugar, vieron una disminución de la actividad en una zona llamada la corteza cingulada anterior dorsal , que forma parte de la red prominencia del cerebro y se emplea cuando hay que decidir si una cosa es más importante que otra . "En la hipnosis estás tan absorto que no estás preocupado por nada más", aclara Spiegel.

En segundo lugar, se registró un aumento de las conexiones entre las otras dos áreas del cerebro, la corteza prefrontal dorsolateral y la ínsula. Se trata de una conexión que ayuda al cerebro a procesar y controlar lo que está pasando en el cuerpo .

Por último, el equipo de Spiegel también observó una reducción conexiones entre la corteza prefrontal dorsolateral y la red neuronal por defecto (esta red está activa cuando el cerebro está en reposo). Esta disminución de la conectividad funcional probablemente representa una desconexión entre las acciones de alguien y la conciencia de sus propias acciones , aclara Spiegel. "Cuando uno está muy ocupado en algo, realmente no piensas en hacerlo, simplemente lo haces", explica. Durante la hipnosis, este tipo de disociación entre la acción y la reflexión permite a la persona realizar actividades sugeridas por un hipnoterapeuta o por él mismo (autohipnosis) sin dedicar recursos mentales a ser consciente de la actividad.

Tratar el dolor y la ansiedad sin pastillas

En los pacientes que pueden ser hipnotizados con facilidad, las sesiones de hipnosis han demostrado ser eficaces en la disminución del dolor crónico, el dolor del parto y otros procedimientos médicos; el tratamiento de la adicción al tabaco y el trastorno de estrés post-traumático . Ayudan también a aliviar la ansiedad y las fobias .

Estos nuevos hallazgos acerca de cómo la hipnosis afecta al cerebro podría allanar el camino para el desarrollo de tratamientos para las personas que no son naturalmente tan susceptibles a la hipnosis , como ocurre precisamente por quienes padecen ansiedad. "Estamos interesados en la idea de que se podría cambiar la capacidad de las personas para ser hipnotizadas mediante la estimulación de áreas específicas del cerebro ", resalta Spiegel.

Un tratamiento que combine la estimulación cerebral con la hipnosis podría mejorar los efectos analgésicos atribuidos a la hipnosis y potencialmente reemplazar a los analgésicos adictivos y con efectos secundarios , así como a los fármacos para la ansiedad. Aunque se necesita más investigación antes de que una terapia de este tipo pueda ser implementada.

(FUENTE: abc.es)

domingo, 23 de marzo de 2025

“Nuestro cerebro se va a lo negativo, está más preparado para sobrevivir que para hacernos felices”: por qué siempre nos fijamos en los peligros

En un rincón remoto de Nueva Guinea, a finales de la década de 1960, un experimento revolucionario cambió para siempre la comprensión de las emociones humanas. El psicólogo Paul Ekman, armado con una cámara y una hipótesis audaz, se adentró en la comunidad de los South Fore, un grupo aislado del contacto con el mundo exterior. Su objetivo era documentar sus expresiones faciales para demostrar que las emociones no se aprenden de forma cultural, sino que son universales y biológicas. Y lo consiguió.

Las conclusiones del estudio que llevó a cabo se publicaron en la revista Personality and Social Psychology y marcaron un antes y un después en el campo de la psicología. Ekman buscaba comprobar que las expresiones faciales, como una sonrisa o un ceño fruncido, no son el resultado de la observación o el aprendizaje cultural, como se había establecido hasta entonces, sino que son manifestaciones innatas compartidas por toda la humanidad. Con su viaje, Ekman logró capturar imágenes que mostraban que las emociones básicas, como la alegría, el miedo o la ira, se expresaban de manera similar en el poblado aislado de South Fore así como en el resto del mundo.

El psicólogo estableció entonces que las emociones humanas están profundamente arraigadas en nuestra biología, son el resultado de patrones genéticos que activan grupos musculares específicos en el rostro. De hecho, concluyó también que durante las conversaciones realizamos microexpresiones, que son movimientos sutiles e involuntarios que ocurren en fracciones de segundo y que revelan el estado emocional de una persona, incluso cuando intenta ocultarlo. Después de miles de imágenes y más estudios a lo largo de su carrera, asentó una de las bases de la psicología actual: existen seis emociones universales que se expresan de forma similar en todo el mundo.

Las seis emociones universales

Alegría, tristeza, ira, miedo, sorpresa y asco son las seis y cada una de estas emociones está asociada con un conjunto particular de movimientos faciales. La alegría se manifiesta con la elevación de las mejillas, la retracción de las comisuras de los labios y arrugas alrededor de los ojos. En contraste, la ira se caracteriza por cejas bajas y contraídas, labios tensos y una mirada intensa. La sorpresa se refleja en la elevación de las cejas, el estiramiento de la piel debajo de ellas y la apertura de la mandíbula; mientras que el asco se muestra con la elevación del labio superior, arrugas en la nariz y una expresión generalmente asimétrica. La tristeza se distingue por el descenso de las comisuras de los labios y una forma triangular en la piel de las cejas. Y, por último, el miedo se expresa cuando las cejas se elevan y se contraen, los párpados se abren y los labios se tensan, a menudo con la boca ligeramente abierta.

Alegría, tristeza, ira, miedo, sorpresa y asco son las seis y cada una de estas emociones está asociada con un conjunto particular de movimientos faciales. La alegría se manifiesta con la elevación de las mejillas, la retracción de las comisuras de los labios y arrugas alrededor de los ojos. En contraste, la ira se caracteriza por cejas bajas y contraídas, labios tensos y una mirada intensa. La sorpresa se refleja en la elevación de las cejas, el estiramiento de la piel debajo de ellas y la apertura de la mandíbula; mientras que el asco se muestra con la elevación del labio superior, arrugas en la nariz y una expresión generalmente asimétrica. La tristeza se distingue por el descenso de las comisuras de los labios y una forma triangular en la piel de las cejas. Y, por último, el miedo se expresa cuando las cejas se elevan y se contraen, los párpados se abren y los labios se tensan, a menudo con la boca ligeramente abierta.

De todas ellas, solo una es agradable por definición: la alegría. La sorpresa puede ser dulce o amarga, mientras que las cuatro restantes, la ira, el asco, la tristeza y el miedo, son indudablemente desagradables. Lo señala Alba Cardalda, psicóloga autora de Cómo mandar a la mierda de forma educada y Cómo dejar de ser tu peor enemigo. Cardalda ha acudido al pódcast Tengo un plan en el que ha explicado por qué solo hay una emoción inherentemente positiva.

“Nuestro cerebro se va a lo negativo porque está más diseñado para sobrevivir que para hacernos felices. Entonces se enfoca mucho más en los potenciales peligros”, dice la experta, que destaca que solo la alegría “está diseñada para tener sensaciones agradables”. “El resto están para alertarnos de peligros y eso la forma que lo consigue el cerebro es preocupándonos, imaginando escenarios que podrían pasar, aunque finalmente, más del 90% nunca ocurre”, explica Cardalda, que trata de dar una respuesta a por qué nos ponemos siempre en lo peor.

(FUENTE: infobae.com)

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