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martes, 30 de septiembre de 2008

"El Estadio de los muertos"


Esta historia me fué relatada en una de mis últimas visitas a mi antiguo barrio de Balconcillo, en La Victoria, en una tertulia de barriada en la que pude estar, con amigos de barrio, viejos compañeros de aventuras de mi hermano mayor. Ahí nos encontrábamos, parados bajo un poste en una esquina, iluminados por su luz, bebiendo una botella de ron que pasaba de una mano a otra cuando me contaron la experiencia que todos habían vivido, la terrible historia del ocaso deportivo de un antiguo ídolo del barrio, y que mi hermano nunca me había relatado.

Rara vez el fútbol y el mundo de lo sobrenatural se juntan en una sola experiencia, pero esa vez aconteció así. A mediados de los setentas, mi hermano mayor y su patota de amigos del barrio, hicieron lo que todo grupo de chicos hacen en la edad de la adolescencia: fundar un equipo fútbol. Ansiosos de competir en un mega campeonato barrial en que participarían todos los equipos de la -para ese entonces ya-, gran ciudad de Lima. Tras ser despreciados por el equipo “oficial” del barrio, comenzaron a reunir a todos los de su edad que tenían hambre de fútbol.

Apoyados por un humilde emigrante de la sierra que, a fuerza de sudor y esfuerzo había logrado tener un pequeño grifo y taller de reparación autos en el barrio, el equipo comenzó a crearse. Dado que en aquellos años encandilaba a los jóvenes de todo el mundo la selección holandesa, decidieron emularlos; más, siendo unos chicos excesivamente bromistas, terminaron bautizando al equipo como “La Papaya Mecánica”. Parecía divertido,…hasta que todo el barrio comenzó a burlarse del nombrecito. Afortunadamente eso duró muy poco. En cuestión de semanas “La Papaya Mecánica” se convirtió en el “cuco” de todo Lima: goleada tras goleada, demostraron que no eran cosa de chiste. Simplemente eran un excelente equipo.

Entre los mejores jugadores, destacaba un moreno fuerte y espigado, muy desarrollado para su edad, proveniente del temible barrio de Matute. Se llamaba Francisco Dagnino. En el barrio le decían “Pacho” ó “Dañino”. El último apodo era el que mejor le calzaba. Imparable goleador, era común que metiese mínimo tres goles por partido. Era un genio con la pelota. Un monstruo en potencia a sus cortos 16 años,…pero era también un absoluto pedante y soberbio con aires de matón. Consciente de su brillante futuro con la pelota, no dejaba de hacérselo saber a todos. A todos le caía tremendamente antipático, pero era indispensable en el equipo, por lo que todos hicieron de tripas corazón y trataban de soportarlo, a pesar del odio que se granjeaba.

Muchos pensaban que semejante forma de ser tenía su origen en que Danigno, casi criado en la calle, nunca tuvo padre que le corrigiese, mientras que su madre falleció siendo él muy niño. Lamentablemente no dejaba que nadie le aconsejase en nada, siguiendo el su imparable carrera hacia la fama ó el desastre; lo primero que llegase. Un día, se enteraron que unos reclutadores de Alianza Lima irían a ver jugar al equipo. Obviamente, iban a ver a Dagnino. Era mediados del verano y “La Papaya” enfrentaría ese sábado a las divisiones inferiores del Deportivo Municipal; el escenario, el famoso “Estadio de los Muertos” de Chorrillos.

“Pacho Dañino”, ya enterado del hecho, llevó su soberbia a niveles estratosféricos: mientras todos los muchachos se emocionaban en el camerino, comentando que darían todo lo mejor de cada uno de ellos por el sueño de lograr ser fichados por Alianza Lima, Dagnino los bajaba de las nubes diciendo: “ustedes están en este equipo sólo para que yo destaque más”. Su actitud amenazaba con romper la unidad del equipo, pero a él no le importaba, mientras daba la espalda a todos y continuaba pateando la pelota contra la pared.

El mecenas del equipo había contratado a un casi anciano argentino venido a menos, que había llegado en los años cuarentas a Lima, como refuerzo para el aquél entonces, poderosísimo Defensor Lima. Una lesión acabó con su carrera deportiva y ahora vivía en un miserable cuartucho en Balconcillo. Se apellidaba Arana; todos le decían “Viejito”. Trató en vano de enseñarles a los chicos los secretos del fútbol. Vano esfuerzo: eran “ídolos de barrio”. Quererles enseñar a jugar era como querer darles perlas a los burros. El “Viejito” Arana, tras escuchar a “Pacho” decir sus tonterías, alzó la voz y comenzó a decir a todos sus pupilos:

“La soberbia no lleva a nada; créanme pibes. Yo lo sé mejor que nadie” – comenzó a decir, mientras se incorporaba y se acercaba a “Dañino”-, “mirá “fiera”,.… ”. Pacho volteó y le clavó la mirada con sus ojos negros y saltones, molesto. Bajó la vista. Le llevaba a Arana casi una cabeza de altura. Casi escupiendo, observó lo que tenía en la mano: era un viejo billete fuera de circulación de 1000 soles. “¿Y qué? – respondió con rabia-, “¡esa porquería no sirve ahora ni para comprar un cigarro!...”. El viejo ex jugador bajó la vista con pena. “Sí, no vale nada. Cuando me vine para acá, me pagaban con uno de estos todos los meses,… me alcanzaba para vivir como un rey, y aún me sobraba. Ahora mirá donde estoy…”.

El moreno era tan soberbio como bruto. “Eso le pasa a los malos: yo voy a hacer millones” -, replicó. Mientras Arana miraba cómo “Dañino” le daba las espaldas indiferente, caminando lentamente como lo hacía en su barrio, ladeándose. El “Viejito” le lanzó una mirada de lástima. “me hacés recordar al “Mágico” Castañeda…” –dijo mientras el muchacho se sentaba, calzándose, mostrando molestia por las palabras del entrenador. “….Castañeda jugó en los cincuentas en Alianza: era un demonio. Nadie le igualaba como centro forward. Yo era asistente en el Deportes Arica cuando lo conocí- , comenzó a relatar al grupo-, “la prensa decía que se iría a España. Era un pibe muy creído. Pensaba que se lo merecía todo. Un verano como éste, los del Alianza y del Deportes vinieron a veranear acá a Chorrillos. Iban a la playa y luego venían a esta cancha a jugar. En esa época los profesionales eran todos amigos; no como ahora que se matan si se cruzan en una esquina”.

Conforme avanzaba el relato, el argentino caminaba por el camerino, sin preocuparse por el tiempo, prefiriendo contar su historia en vez de dar indicaciones para el partido. “Cuando vinimos a jugar una “pichanga”, ví que todos se persignaban tres veces y susurraban algo. Le pregunté al entrenador del Deportes y me contó la historia de este campo”. Todos le seguían atentamente su relato: “sepan “pebetes” que este estadio fue antes un cementerio. Un cementerio para los marinos que morían en el mar. Con el paso de los años, ya abandonado, el municipio retiró las tumbas y sus muertos y lo construyó,… pero siempre se dice que a lo mejor se olvidaron de alguien. Eso me contó el entrenador. Cuando le pregunté qué susurraban los pibes, me dijo que pedían disculpas por si ofendían a alguien”- dijo a la vez que apuntaba la suelo.

“Todos hacían esa cábala; todos menos Castañeda. Decía que eran boludeces: antes de acabar el primer tiempo, se lesionó. Fue una lesión muy extraña: un momento una a patear al arco y en otro momento estaba en el suelo. Se había fracturado la pierna en tres partes distintas, pero nadie vió a qué le pateó. Ahí acabó su carrera”. En ese instante todos escuchaban muy atentos al entrenador, menos “Pacho”, claro está. El silencio fue roto por el llamado del árbitro para iniciar el partido. “Bueno pibes, llegó la hora” – exclamó Arana-, “salí y jugá a lo que saben. Suerte. Y no olviden persignarse tres veces”.

Al salir al campo la pequeña tribuna explotó; todo el barrio estaba ahí. Incluso los delincuentes más avezados del barrio estuvieron ahí. Al primer foul de uno de los contrarios, un malencarado moreno se levantó en la tribuna, y le gritó al joven jugador del Municipal: “¡OYE TÚ!” –dijo con voz ronca-, ¡SI LO VUELVES HACER, TE CORTO LA CARA!”. El pobre muchacho no lo intentó de nuevo. Aparte de esa anécdota, el partido transcurrió como se esperaba. “Dañino” hizo de las suyas, y al ver a los cazatalentos en la tribuna, egoístamente monopolizó la pelota. El partido acabó 6 a 0; cuatro de los goles fueron de “Pacho”.

“La Papaya Mecánica” clasificó a cuartos de final. El entrenador Arana terminó saltando y gritando de emoción, como si estuviese de nuevo en su querido barrio de La Boca. Mientras el equipo descansaba en el gramado bebiendo las gaseosas que el mecenas les llevó y recibían también la felicitación del vecindario, Dagnino y los cazatalentos conversaban lejos del grupo. Estaban complacidos y no querían al moreno para el equipo juvenil, sino para el equipo que jugaba en la profesional. “Pacho” no cabía en sí de contento. El contrato se firmaría al día siguiente. En un arranque de suficiencia, terminó la conversación diciendo: “está bien, pero….sería bueno si me dejan “alguito”; no sea que me anime por otro equipo”. Uno de los cazatalentos dejó en sus manos cuatro billetes, por precaución.

La tarde avanzaba y “Dañino”, loco de contento, convenció a todos a celebrar su suerte. No era el único; Gustavito Márquez, defensa del equipo, había sido convocado por los del Alianza para jugar en la categoría juveniles, así que todos aceptaron de buena gana. El “Viejito” Arana, borrachín empedernido, no objetó la propuesta. “Pacho”, frente a todos, le lanzó un billete al suelo frente al utilero, como si fuera cualquier cosa: “¡oye tú!; tráete todo el ron que puedas comprar”. Su actitud era insoportable, pero de sólo pensar que no lo veríamos más, podían aguantarlo. “Che, mejor pedí pisco” – intervino el entrenador-, “bebé el licor de tu tierra”. A “Dañino” nadie le replicaba nada, pero esa vez, accedió. “Tiene razón: hoy pisco por última vez: a partir de mañana, sólo “uiski” del importado, ¡JAJAJAJA!!..”.

Unas discretas conversaciones con el solitario guardián del estadio les permitió quedarse ahí a beber. Los familiares y parte del equipo se habían ido a la playa a aprovechar las últimas horas de sol. Los maleantes del barrio se habían ido a celebrar a su manera, en los burdeles de la ciudad. Quedó un grupo de ocho jugadores, “Pacho” y el entrenador. Ese atardecer sentados en círculo en el centro del campo transcurrió apaciblemente. La noche se acercaba y, conforme la bebida hacía sus efectos, algunas de las sandeces de “Dañino” causaban más hilaridad que desprecio. “Vas a ver…” –dijo mientras despeinaba al chiquillo que fungía de utilero-, ”cuando juegue en el Real Madrid, te voy a dar mis “chimpunes” (calzado de fútbol), para que entres sin pagar al estadio”.

“Vos nunca vas a cambiar” -, intervino el “Viejito”. Todos reían al escuchar semejantes barbaridades. Al empezar a oscurecer, el guardián del estadio, que acompañaba al grupo, se puso de pie y dijo: “bueno chiquillos, gracias, pero ya me voy”. “… ¿Qué?, ¿usted no duerme aquí?” -, le preguntó uno de los muchachos. El guardián, tambaleándose, sonrió como si hubiese escuchado una broma: “¿queeeeé?,….¿dormir yo aquí?,…¡ni por que me pagan!, ¡JAJAJAJA!!”. Tras pedir que cierren con candado al irse, se dirigió a la puerta, dejando a todos intrigados.

“¡Bah!, estupideces de viejos!!” -, exclamó “Dañino”-, “tanta estupidez y, ¿saben qué?, yo no me persigné ni pedí perdón ni nada de esas idioteces, ¡JAJAJAJA!. Y ustedes “mariquitas” lo hicieron rapidito nomás!, ¡JAJAJAJA!”. Algunos de los miembros del grupo se espantaron al escucharlo, al resto ni les interesó. “¡Y bueh!, ya vos verás” -, fue lo único que le dijo el Entrenador Arana. La brisa fría del mar comenzó a envolverlos, al igual que la oscuridad de la noche. Apenas iluminaba al grupo una lejana luz proveniente de los baños del estadio. Gustavito Márquez, poco acostumbrado a la bebida, se había quedado dormido sentado. Según contó, descansaba plácidamente, cuando de pronto en su mente apareció una imagen: un viejo anciano barbado le tomó de pronto con unas manos huesudas y callosas de los hombros, apretándolo con fuerza y zarandeándolo le gritó: “¡despierta y vete!!”. Todo el grupo vio cómo se estremeció de pronto en su sitio, para luego pegar un grito y caer pesadamente para atrás. Todos se reían mientras él se levantaba deprisa, asustado, agitado. “¿Dónde está el viejo?!!!”-, dijo mirando para todos lados. “Ahí enfrente de ti”-, le dijo con tranquilidad mi hermano. ¡No, no: el otro viejo!!-, replicó asustado.

“Ché Ramiro” – dijo el entrenador-, “llevá a Gustadito al baño para que se moje la cara; que no sea que su viejita le vea llegar así”. Así Ramiro, tomando del brazo a Márquez le llevó a los baños, escuchándole hablar de un anciano que le habló. Ya dejándolo sentado en un excusado, Ramiro fue a un urinario frente a él. Mientras descargaba la vejiga, sintió que las piernas se le doblaban. Una fuerte patada en la parte posterior de la rodilla lo aventó de bruces contra el suelo. “¡Imbécil!, ¿qué tienes?...” –dijo mientras se trataba de incorporar, cuando se dio cuenta de que Gustadito estaba sentado donde lo dejó, totalmente beodo, hablando entre dientes. No pudo haber sido él. Tampoco pudo haberse equivocado: la patada fue real por que a él le dolía. Pero no había nadie más ahí que os dos.

Afuera pasaba algo similar. Mi hermano era el único que se le había enfrentado a “Dañino” en alguna ocasión y existía una velada inquina entre ellos. En un momento en que se incorporó también para ir al baño, sintió que alguien le cogió del tobillo, haciéndolo caer de cara al gramado. “Pacho” se rió, así que mi hermano se incorporó como una fiera y se le fue encima. El “Viejito” Arana apenas pudo reaccionar e impedir que se fueran a las manos. El grupo tardó mucho en convencer a mi hermano que “Pacho” no le había tocado. “Entendé, Henry –dijo en entrenador-, nadie te tocó…”. Mi hermano no lo entendía, lo había sentido nítidamente. Todos aseguraron, incluso juraron que sólo vieron que el pie de Henry se quedó detenido en el aire, a escasos centímetros del suelo, como asido por una fuerza extraña, pero invisible.

Todos hacían conjeturas, las cuales se agrandaron al retornar del baño Gustavito y Ramiro, contándoles éste último lo que había pasado allá. De pronto, sin advertencia, todo el grupo empezó a sentir una sensación extraña: era como si un aire frío les rodease. Dentro del corazón de cada uno de los presentes se introdujo un sentimiento de pena infinita: nadie lo dijo en ese momento, pero después, comparando su sentir en ese instante, coincidieron que fue el mismo: una sensación de infinita pena, de abandono, de que añoranza por un lugar muy lejano, de seres queridos que se hallaban lejos. Era como una opresión dolorosa que se aferraba a sus corazones, como una garra. Más de uno empezó a sollozar, alguno de ellos derramó alguna lágrima, y todos a la vez comenzaron a temblar sin control. A pesar que no corría viento, mientras sentían también un intenso olor a agua salada. Todos, menos “Dañino”, que parecía inmune a “eso”.

Al pasar algunos instantes, todos se sobresaltaron: sintieron que no estaban solos ahí. Una vida en un barrio de cuidado les había dado a todos la facilidad de sentir cuando alguien les observaba. Comenzaron todos a mirar a su alrededor. El campo estaba desierto y en total penumbra,…. Pero sentían y miraban que la negra oscuridad se movía. Se movía en diferentes direcciones, como si sombras negras en medio de ese negro nocturno saltasen y los rodeasen. Como fieras acechando su presa. Todos miraban de un lado a otro, tratando de ver quiénes estaban ahí. Ramiro no tardó en decir lo que todos pensaban: “¡vámonos de aquí!”. Hastiado de lo que creía era una broma, “Pacho” se incorporó. “Está bien, cobardes; vámonos” -, les replicó a la vez que daba media vuelta y enfrente de todos, comenzó a orinar en medio del campo.

“!Qué hacés loco!” -, le espetó el entrenador, muy asustado-, “¿no entendés que esto es un camposanto?!!!”. Danigno ni le hizo caso mientras todos se incorporaban llenos de miedo. “No le tengo miedo a nada, y nada va a pasar acá, viejo idiota” -, replicó mientras se ajustaba el pantalón. “Listo. Ahora, al barrio”. El grupo comenzó a caminar hacia la puerta sintiendo todavía más fuerte esa terrorífica sensación que les helaba el espinazo y erizaba todos los pelos de sus cuerpos. De pronto, surgido de la nada una voz extraña, con un tono metálico y un acento que nadie pudo identificar, se dejó escuchar en medio de la penumbra. “Oye, Dagnino” -, dijo. Todos voltearon. Era un hombre alto, vestía un sacón de esos que usan los marineros y una gorra de lana en la cabeza. Era muy fornido, de piel muy blanca y se podía ver una abundante barba cobriza enmarcando su cara. Estaba plantado en el arco, llevaba algo en una mano.

“Pacho” volteó y le plantó la mirada, desafiante. Todos se quedaron detrás de él. El sujeto separó las piernas y las plantó en el suelo con resolución. “Enséñame lo que vales” -, dijo como para que lo escuchen todos y le lanzó lo que llevaba en la mano. En medio de la oscura noche, el objeto tenía el tamaño de una pelota. “Dañino”, por instinto goleador, y aunado a su inmensa soberbia, dio un tranco al frente y saltó: estirándose en el aire se preparó para hacer una hermosa media tijera. Dicen los que estuvieron presenten que aún se estremecen al recordar el horrendo sonido que se escuchó a continuación: un ¡traaack! que aún les revuelve las tripas. “Pacho” cayó pesadamente al suelo, gritando, aullando de dolor. Se había roto la pierna en tres. Al llegar los chicos a su lado él se retorcía de dolor. Era horrendo el espectáculo de su pierna quebrada en varias partes, exponiendo los huesos en algunos sitios, retorcida como una muñeca de trapo.

El desconocido le observaba sonriente. Los chicos vieron al suelo y descubrieron que la “pelota” en verdad era un trozo de piedra, trabajada, y que exhibía algunas letras en inglés. Era el fragmento de algo sin duda. Dominados por la ira, y siguiendo sus instintos de barrio todos juntos se le abalanzaron encima al agresor, gritando insultos, rompiendo botellas dispuestos a destriparlo. Incluso el viejo Arana sacó su facón que llevaba siempre con él y se unió a sus muchachos. Rodearon al tipo, pero este ni se inmutó: sólo sonreía complacido por su acción, con las manos metidas en los bolsillos. Cuando todos se preparaban para asestar el primer golpe de lo que iba a ser una carnicería,….el tipo simplemente se esfumó. ¡SE ESFUMÓ FRENTE A SUS PROPIOS OJOS,…. DESAPARECÍO!!!!.

Nada había frente a ellos,…nada. Sólo sus propias caras contraídas por el horror era todo lo que tenían frente a sus ojos. “Pacho”, que estaba en el suelo pasos atrás, al observar tal fenómeno, comenzó a gritar más desesperadamente aún: “¡SAQUÉNME DE AQUIIII, NO ME DEJEN; SAQUÉNME DE AQUIIII!!!!!”. Aterrados, el grupo comenzó a correr hacia la puerta, gritando de pavor. Atrás quedaron los picos de botella, y el facón tirados en le suelo. Mientras se dirigían a la puerta, escuchaban con insistencia, casi retumbándoles los oídos, miles de voces hablándoles en diferentes idiomas. Venían de todas direcciones. No entendían lo que decían, pero en sus agitados corazones el mensaje que escuchaban, lleno de odio era: “¡VÁYANSE!, ¡VAYÁNSE!”. Casi no tuvieron tiempo de levantar a “Dañino”; sólo lo arrastraron por el campo. Su pierna rota se bamboleaba haciéndolo gritar más, acompañando en el grito de horror de los demás.

Cuando terminaban de contarme la historia, “Dañino” pasó por nuestra esquina: cojeaba notoriamente y recogía puchos de cigarrillo del suelo. Había sido vencido por la droga y el alcohol. Pero había algo más,…caminaba como tratando de alejarse de las sombras, buscando insistentemente la luz. Se notaba que aquel episodio de su vida no sólo dejó una marca en su cuerpo, si no también en su alma.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Rastros de visitas extraterrestres en el antiguo Perú


Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados norteamericanos descubrieron algo que dió bases sólidas a la ciencia no oficial, conocida hoy en día como la Astroarqueología: mientras se desplegaban por todo el Pacífico, en su esfuerzo para derrotar al Imperio japonés, instalaron campos aéreos en cada pedazo de tierra disponible; al hacerlo, entraron en contacto –sin querer-, con los últimos pueblos no contactados del mundo, y que desconocían por completo a la civilización occidental. Esto se dio principalmente de Nueva Guinea, Nueva Caledonia y el archipiélago de las Nuevas Hébridas. Tras esos contactos, y ya culminado el conflicto, los americanos partieron,… pero al regresar tiempo después, ¡descubrieron que los primitivos habitantes, habían convertido sus pistas de aterrizaje en lugares sagrados!; los pueblos contactados en la guerra, habían creado religiones: las pistas eran templos, creaban figuras de aviones,… que simbolizaban a “sus dioses venidos del cielo”. Esto permitió que los primeros astroarqueólogos, tuviesen un punto de sustento, para alegar la posibilidad de que los extraterrestres bien podrían haber sido los dioses del pasado.


Al parecer algo similar sucedió en el Perú, en un pasado remoto: sin tomar en cuenta todos los mitos del Perú precolombino, que reseñan que los dioses de los antiguos peruanos provenían del cielo –y que ahí regresaron eventualmente-, un ojo atento puede encontrar otros rastros, del paso de visitantes del cosmos por nuestras tierras: existen dos danzas típicas del Perú que, si uno revisa atentamente los mitos y leyendas acerca de sus orígenes, descubrirá con asombro, que tal vez la historia no necesariamente como la conocemos,…


La danza de las Pallas de Corongo

Considerada como una de las danzas más bellas del ande peruano, esta danza cuenta con una leyenda oficial, y con una serie de mitos que sólo es conocida por muy pocos: en la versión oficial de los orígenes de esta danza, es de origen incaico; dice que Cápac Yupanqui, el conquistó a los Conchucos. La victoria no fue nada fácil, pues ofrecieron dura resistencia. Según la tradición, los caciques del lugar lograron salvar a su pueblo, enviando a sus más bellas hijas ante el vencedor, pidiendo paz sin venganza. El guerrero cuzqueño, impresionado por la belleza y el atuendo de estas embajadoras, accedió. Antiguamente esta danza se bailaba en todo el Perú antiguo, quedando ahora solo presente, en su último reducto de Corongo.


Sus orígenes como danza ritual son evidentes, pero si uno escarba un poco más, encontrará detalles sorprendentes: algunas leyendas muy antiguas, en la región Ancash, que refieren que el origen verdadero de las Pallas, es recordar la aparición -no se señala cuándo-, de unos “seres”, que aparecieron ante los antiguos pobladores peruanos quienes los describieron así: “hermosísimos, brillantes como el oro, que se desplazaban de una manera extraña,… como danzando solemnemente”. La mejor descripción la podemos lograr de la vestimenta de las Pallas de Corongo: una “corona”, que es un extraño armazón circular, cual casco, tapizado de flores, de plumas, con un espejo redondo en la parte posterior. Una “pechera” (pectoral) en forma de corazón, recamada de oro, plata y preciosos brillantes, esmeraldas, topacios (hoy las joyas son de fantasía); espejuelos rosetados por todo el resto de la vestimenta,… como si fuese necesario dar a entender la idea de “ser brillante”; y finalmente, el hecho de que las “remangadas” (mangas), de la Palla, asemejen “alas” y que el colorido de su ajuar, se diga que asemeja a la paloma silvestre (urpi); todo esto nos hace dar una fuerte sensación de que nos hablan, desde tiempos lejanos, de la visión de visitantes de muy lejos, de arriba,… y si a eso aunamos que Conchudos está muy próximo a las Cordilleras Blanca y Negra (uno de los lugares con más apariciones OVNI en el Perú), el enigma sólo nos puede llevar a una sola dirección.


La danza de tijeras

Muchas, muchísimas son las leyendas acerca de los danzantes de tijeras, los “danzak”; brujos poderosísimos, capaces de lo imposible, seres misteriosos, que en secreto se reúnen en las montañas sagradas –los Apus-, para, lejos de toda mirada, entrar en contacto con sus “dioses”, o como los conquistadores quisieron que se creyese: para “rendir culto y pactar con el diablo”.


La leyenda que corre aún en Ayacucho, Huancavelica y Apurímac, acerca del origen de los “Danzak” es la siguiente: “hace mucho, de la nada, apareció en medio de los campos un hombre: su cabeza brillaba como el sol, y mientras recorría los campos, hacía sonar dos pedazos de metal que llevaba en la mano: al oírlo, la gente dejaba de labrar la tierra, y lo siguieron todos, ese hombre los llevó a un cerro, y no se les volvió a ver jamás,…”


Al igual que con las Pallas de Corongo, la vestimenta de los “Danzak” está plagada de espejos,… solo que en este caso, la leyenda sí admite que representan el esplendor de estos seres; asimismo, si bien les decimos tijeras, éstas no lo son en realidad: son de dos placas independientes de metal de aproximadamente 25cm. de largo y que juntas tienen la forma de un par de tijeras de punta roma,… las cuales simbólicamente, pueden significar, a la vez herramientas,… o instrumentos de una función desconocida.


¿”Ángeles”, visitando el antiguo Perú, mucho antes de que los ángeles cristianos, hiciesen su aparición entre nosotros?, ¿seres brillantes, que se desplazaban bamboleantes en su andar, como los primeros astronautas en la Luna, visitaron en un tiempo remoto, a los Conchudos?, ¿un testimonio de una “abdución”, ocurrida hace mucho tiempo en la serranía de los andes del sur, y que fue tan dramática que su recuerdo sobrevivió al paso del tiempo?, ¿poderosísimos “magos”, llegados de las estrellas, capaces de hacer cosas que para nosotros serían milagros?, ¿seres extraterrestres, portando en sus manos instrumentos de extraña forma y utilidad incomprensible, tomaron contacto con los chamanes precolombinos?, ¿estas danzas, nos hablan de cómo eran y se comportaban, los visitantes que alguna vez fueron llamados “dioses”?,… el enigma perdurará hasta que hallemos una respuesta,…

viernes, 19 de septiembre de 2008

Un extraño reporte policial


En 1984 yo tenía 10 años, y mi padre era entonces un importante oficial de la hoy desaparecida Policía de Investigaciones del Perú. Un verano, mi familia y yo fuimos a visitarlo a la ciudad de Ica, donde estaba destacado.

Fueron unas vacaciones felices, pero lo que nunca podré quitarme de la mente es una experiencia tan extraña a la cual deseo firmemente encontrarle una explicación y, que ahora deseo compartir con todos ustedes. Eran los años de la lucha interna en mi país, y no era raro que mi padre pasase largas noches trabajando, cada vez que ocurría un atentado terrorista en su jurisdicción. Una noche de esas, mi padre nos hizo saber que no llegaría sino hast muy tarde. Mi madre y mis hermanos mayores acudieron a un compromiso ineludible, teniendo que quedarme yo solo en la inmensa -para mí-, casa que ocupábamos en le centro de la ciudad. Era una noche tensa: en la oscuridad de la noche se dejaban oír lejanas explosiones de ataques que Sendero Luminoso perpetraba en las afueras de la ciudad. Los policías encargados de la custodia de la casa en que mi padre vivía, prudentemente, salieron a los exteriores de la misma, anticipándose a cualquier eventualidad, dejándome completamente solo.

Casi de inmediato, las luces se fueron: era un apagón provocado por el atentado. A pesar de la zozobra de la población, yo era apenas un niño; me preocupaba más, qué hacer para no aburrirme. Es así que fuí al estudio de mi padre a ver que podía encontrar para leer.

Siempre me gustó la lectura, así que comencé a hurgar en medio de toda la ruma de papeles que se hallabn esparcidos sobre su escritorio. Los pesados files llenos de hojas mecanografiadas no me llamaron la atención, así que me decidí por buscar alguna revista. Hellé finalmente una: era la revista oficial de la Policía de Investigaciones. Sin pensarlo dos veces la tomé y comencé a hojearla, atraído por que tenía algunas ilustraciones.

Al ser una publicación institucional, era bastante escueta y estaba escrita en un lenguaje muy sobrio: ar´ticulos sobre el trabajo policial, aniversarios y actividades; todo eso muy aburrido para mí. Casi no tenía fotos. Al ser una publicación institucional, era bastante escueta y escrita en un lenguaje muy sobrio: artículos acerca del trabajo policial, aniversarios y actividades; todo esto muy aburrido para mí. Casi no tenía fotos de personal policial por cuestiones de seguridad de aquellos tiempos. Estaba a punto de dejarla de lado cuando un artículo llamó mi atención. Lo que leí en esas dos únicas páginas me ha tenido intranquilo desde entonces, y aún deseo, que algún día llegue a saber toda la verdad acerca de ese suceso ahí relatado. El artículo, escrito por un detective de la institución, relataba un caso no resuelto ocurrido unos dos años antes. Sucedió en 1982: una camioneta y sus ocupantes desapareción sin dejar rastro. El contador de una pequeña mina de oro de la localidad, su guardaespaldas y el chofer, habían salido del asiento minero, ubicado en lasierra de Ica, a medio camino del Departamento de Ayacucho llevando el mineral extraído al Banco de Ica; lo cambiaron por efectivo para pagar a los mineros, y al regresar de vuelta a la mina simplemente se habían esfumado.

El oficial que escribía el artículo explicaba que él había sido el responsable de la investigación en aquella época, y comentaba a continuación las sospechas iniciales: podría tratarse de un robo efectuado por delincuentes comunes, un asalto por parte de terroristas ó que simplemente los desaparecidos se habían puesto de acuerdo para hacerse humo con el caudal.

Lo que relataba el oficial a continuación prefiero redactarlo tal como lo recuerdo: "....tras siete días de infructuosas investigaciones, no se pudo descubrir ni a los responsables, ni al móvil del ilícito. A pesar de que el caso tuvo amplia repercusión en los medios de prensa de la localidad, el personal policial no pudo lograr pista alguna. Ampliada la búsqueda a nivel nacional, los resultados también fueron infructuosos."

"Cuando la investigación estaba a punto de ser abandonada, la orden dada por la Superioridad exigía resolver el caso, en la sospecha de que el robo podría haber sido cometido por elementos subversivos para utilizar el dinero robado en su accionar delictivo, hizo que me viera en la obligación de retomar el caso, comenzando por seguir la última ruta conocida de la camioneta en busca de pruebas".

"Junto con un destacamento, partimos de Ica con dirección a Nazca; al enfilar a la carretera de penetración a la sierra, decidí disminuir la velocidad para buscar algún rastro en la misma, y que se pudo haber pasado por alto en las investigaciones criminales preliminares. A la hora y media de iniciado ese tramo, dimos con la camioneta".

"Unas claras huellas de ruedas nos enfiló hacia el desierto. A unos 600 metros fuera de la carretera, encontramos el vehículo y sus ocupantes. La camioneta estaba detenida y con el capó abierto suponiéndose que sufrió algún desperfecto eléctrico, dado que los cables de la batería estaban sueltos. El chofer estaba muerto y tendido frente a ella y portaba aún una llave de tuercas en la mano, dando más indicios de que trató de reparar una avería. Casi 100 metros más adentro, en dirección al desierto, se hallaron los cuerpos del contador y el guardaespaldas. Ambos portaban aún en sus manos sus armas, y se comprobó que fueron percutadas en varias ocasiones contra algún agresor."

"Los cuerpos de los tres mostraban UN AGUJERO EN MEDIO DEL PECHO QUE LOS ATRAVESABA DE LADO A LADO. Los bordes de las heridas estaban cauterizados, como si hubiesen sido hechas con algún tipo de calor intenso ó una descarga eléctrica. Dentro del vehículo se halló INTEGRO el dinero del pago de los mineros. A ninguno de los occisos les faltaba tampoco nada de sus pertenencias personales."

"Un minucioso examen del lugar del crimen no permitió encontrar el más mínimo rastro o huella del o los responsables; sólo se encontraron las huellas de los occisos y su vehículo. los relojes de los tres estaban detenidos a las 11.25 de la mañana del día que desaparecieron."

"Una vez recogidos los cuerpos y las pruebas, fueron derivados a la División de Investigación Criminal. El médico legista informó que la causa de las muertes fué producto de una fuerte descarga eléctrica, SIMILAR A UN RAYO."

El artículo del oficial terminaba explicando que, una vez iniciada esa parte de la investigación, el caso le fué retirado de sus manos. Imagino que fué por que creaba más enigmas que respuestas lo hallado. Igualmente, el policía trataba de dar una explicación a las conjeturas que el caso le planteaba desde su óptica policial: ¿por qué no se llevaron el dinero?, ¿si no era un robo, cuál fué el motivo?, ¿a qué le dispararon los fallecidos?, ¿qué los hizo salirse tanto del camino y entrar en el desierto?, ¿un rayo que mata a tres personas separados a tal distancia, en un desierto en el que no llueve hace 500 años y en pleno verano?,....termina sugiriendo que los responsables, sólo pudieron llegar volando si no había huellas en la arena. Concluye explicando que el caso quedó archivado como "NO RESUELTO".

Aquella noche casi no pude dormir, pensando en la posibilidad de que "algo" allá afuera fuese el responsable,..y que siga aún por ahí. Hoy me lamento que no tomé nota de más datos; el más importante, el oficial daba en su artículo el número del expediente. Lo mejor hubiese sido guardar la revista, pero era un niño apenas y no le presté la debida importancia. Cuando terminaba de leer, mi padre llegó y corrí rápidamente a mi cuarto, dejándola en su escritorio. Papá no era nada estricto, pero sí muy celoso con las cosas de su trabajo; en ese tiempo pasaban cosas muy terribles.

Pasado varios años, ya con 17 años, le comenté a mi padre lo que había leído. Él no recordaba haber visto la revista, pero sí me aseguró algo: que en aquella época jamás un policía se hubiese atrevido a escribir un artículo fantástico en esa revista, y también que jamás hubiesen permitido sus superiores tal cosa. "Si lo leíste ahi, es que tenía información veraz"-, me explicó con simpleza.

Han pasado los años y no me quito de la cabeza este extraño caso. Alguna vez quise buscar ese expediente: cuanto aún con familiares en la policía y por eso pensé que sería fácil,... pero lo único que pude averiguar es que lo más probable es que esté "enterrado" bajo otros miles de expedientes policiales de la época de la guerra interna, y por lo tanto, no "verá la luz" en mucho tiempo: hubo demasiados excesos de ambas partes durante aquellos tiempos.

Investigando por mi cuenta, pude hablar con muchas personas que viajan constantemente por esa ruta de la carretera: todos alegan que prefieren cruzarla a toda velocidad "por que ahí pasan cosas muy raras". En otra ocasión, hice amistad con una chica de un grupo de estudiosos de lo místico que frecuentan la zona en ciertas ocasiones "es un lugar especial" fue lo único que le pude sacar a ella y a sus compañeros. Un amigo del colegio, hoy oficial de la Fuerza Aérea, me contó en una ocasión que, al hacer vuelos de instrucción en la zona, se topaban con "naves" que volaban más alto y más rápido que ellos. Mi interés en este tema se vió reforzado hace poco menos de un año: esta historia, la cual subí a Internet en otra página, hizo que me llegase un correo electrónico muy interesante; el anónimo escritor del mismo me dijo lo siguiente: "....una historia similar ocurrio en el Departamento de Lambayeque, al norte de Lima, en 1985: en el lugar, según un reporte de la policía se encontraron uno o dos cadaveres (no recuerdo exactamente cuantos fueron) en unas chacras en las afueras de la ciudad, ya en el lugar los miembros de la policia se dieron con la sorpresa que los cuerpos presentaban orificios del tamaño de un plato de te a la altura del pecho y que este orificio habia dejado una cicatriz con los bordes limpios, como si los hubieran cauterizado o hechos con alguna clase de rayo, no se supo cual habia sido la causa de la ejecucion, no hubo robo ni otra causa, el caso quedo como no resuelto y paso al olvido,..." Asimismo, agregaré como dato final que la zona de mi historia está muy cerca de las famosas Líneas de Nazca.

Sé que será difícil descubrir la verdad de este extraño caso, pero mi interés en descubrirla aún se mantiene en mí y no ha disminuido con los años. Silo logro, seréis de los primeros en saberlo.

martes, 16 de septiembre de 2008

La magia selvática tradicional


En las prácticas mágicas tradicionales de la amazonía peruana, el animismo es la piedra fundamental: es la creencia en que todo en la naturaleza (plantas, animales, ríos, árboles, etc.), es morada de poderosas deidades espirituales, a las cuales se les debe respeto y con las que se puede contar en caso de necesidad. Una clara diferencia entre este tipo de prácticas mágicas y la andina tradicional es que el chamán o curandero amazónico tiende a usar menos materiales para realizar sus trabajos, limitándose casi exclusivamente al uso de plantas, hierbas y otros elementos de su entorno, actuando como un “canal” de las energías de la naturaleza invocadas por él. En la amazonía peruana, los curanderos son popularmente llamados “médicos” (diferenciándolos de los doctores, a los que llaman “facultados”), y se consideran nacidos para curar los “Daños”; diferenciándose más bien del brujo, que es como denominan al “malero” o individuo que realiza “Daños” y del “hechicero”, que es como nombran a los brujos negros, a quienes consideran casi como a asesinos. Ningún curandero selvático tolera ser confundido con ellos o nombrado de esa manera.


La forma de iniciación en la magia en la amazonía tiene lugar a temprana edad en el caso de herencia familiar ó en otros casos, tras realizar un viaje de iniciación, de período indeterminado, por la espesura de la selva, siendo ahí instruido el chamán por los espíritus de la selva mismos. El conocimiento de la medicina herbaria por parte de los practicantes de esta rama de la magia es inmenso y no deja de sorprender a los científicos e investigadores, anhelantes de encontrar nuevas propiedades medicinales y curativas en la fantástica farmacopea herbaria amazónica, y que son totalmente desconocidas por la ciencia occidental.


Los chamanes y curanderos amazónicos se consideran inmersos en una comunidad mística con la selva y sus habitantes, tanto los que pertenecen a esta realidad como los que pertenecen a las otras, siendo el uso ritual y curativo de las diversas variedades de plantas psicoactivas o alucinógenas muy común para ellos, teniéndolas clasificadas de la siguiente manera: las que hacen ver, que son las que permiten ver situaciones y realidades más allá de la capacidad de los sentidos normales; las que hacen viajar, que son las que les permiten ver y observar sitios épocas y lugares ubicados en este mundo y en otros; las que enseñan, que son las que les dan la posibilidad de aprender la magia y sus inmensos conocimientos en medicina herbaria, en esos casos, ellos consideran que “la planta les enseña”. También están las que calientan el cuerpo, utilizadas para procesos curativos, las que afinan y embellecen la voz, utilizadas para seducir, las que dan fuerza, las que queman las almas, usadas para anular “Daños”; las que cicatrizan heridas, y finalmente, las que se intercambian con las entidades invisibles. Entre todas ellas, destacan a la ayahuasca (Banipteriosis caapi), a la cual consideran su maestra.


Para realizar el ritual de la toma de la ayahuasca, como paso previo se realiza una limpieza y purificación de las vísceras por medio de la ingesta de un cocimiento en base a la planta conocida como yawarpanga, la cual posee un poderoso efecto vomitivo, siendo la evacuación tan exhaustiva. que, se asegura que se llega incluso a sentir que se expulsa medicamentos tomados tiempo atrás; una vez realizada esta limpieza, se realiza un día de ayuno, para luego finalmente realizar la ceremonia en sí.


La ayahuasca no se consume sola, sino más bien se hace un cocimiento de esta planta y la chacruna, pues es esta última la que hace activa las cualidades psicoactivas de la ayahuasca. Apenas transcurrida media hora, aproximadamente, se inicia el estado alterado de conciencia, conocido por los chamanes como mareación, condición en la cual, tras una sensación de un impacto sordo en el área del tórax, se inician las visiones e imágenes, envolventes, nítidas y llenas de color, que van desde ver sucesos pasados y futuros de la historia de la humanidad, hasta asuntos personales, pasando por simbolismos referentes a la vida y estado del participante; todo esto se vive mientras se tiene constantemente al chamán guiando la experiencia, envolviendo a los participantes en densas nubes de humo de cigarros de tabaco negro selvático, conocidos como mapachos, a la vez que recita y canta los icaros, que son versos y cánticos ancestrales propiciatorios para las visiones.


Durante el proceso de la mareación, el chamán que también se encuentra bajo los efectos de la ayahuasca, observa atentamente las emanaciones de color que despiden los participantes, -las cuales pueden ser consideradas como manifestaciones del Aura del paciente-, interpretándolas con la finalidad de identificar enfermedades y “Daños”, para tomar medidas para eliminarlos; muchas veces los realizan por medio de una flema mágica, el mariri, con la que envuelven el “Daño” absorbido por ellos para finalmente escupirlo. En este proceso a veces el “Daño” se logra manifestar físicamente, adoptando generalmente una forma animal. El proceso en que el chamán absorbe este tipo de “Daño” y lo expulsa es el más peligroso de todos, incluso llegando a poner en riesgo la vida del curandero. Muchos chamanes logran también, por medio de la ingesta de ayahuasca visitar otras partes del mundo y de otros mundos bajo los efectos de las mareaciones.


Actualmente, varios médicos y científicos, peruanos y de diversos países se encuentran en la amazonía peruana, investigando codo a codo con los chamanes de descubrir si la ayahuasca y otras plantas psicoactivas pueden ser utilizadas para curar enfermedades por medio de los tratamientos que utilizan desde tiempo inmemorial los chamanes amazónicos.

sábado, 13 de septiembre de 2008

El Japiñuñu o la mujer alada del Perú


Este relato me lo contó el señor J.M.H.G. destacado ingeniero y difusor científico, que por razones obvias prefiere mantener el anonimato, pero que para el siguiente relato lo llamaré “Jose Antonio”.

Corría un 11 de agosto de 1956 y José Antonio, un niño de apenas ocho años de edad, vivía en el Cuartel “Cabo Pantoja” del Ejercito Peruano, departamento de Loreto, frontera con el Ecuador, un lugar sumamente ignoto, perdido en nuestra amazonia. Para que se ubiquen, es donde, de acuerdo al mapa, el Perú en su parte superior termina en “punta”. Allí vivía el pequeño José Antonio con su padre un médico asimilado como Comandante de la Sanidad del Ejército, su madre y hermanos.

A pesar de las precarias comodidades del cuartel era un niño feliz en medio de la selva. Sin embargo pronto se vería cara a cara con uno de los mas extraños misterios de la jungla peruana.

Diariamente el niño tenia que caminar, acompañado de otros compañeritos, a la única escuela de la zona, distante 8 kilómetros. Una tarde, debido a que lo habían desaprobado en un curso, lo castigaron mandándolo a dormir temprano. Serian las ocho de la noche.

Había estado sollozando José Antonio largo rato y tratando a la vez, de conciliar el sueño. De repente escuchó que fuera de su cabaña, alguien imitaba sus lloriqueos infantiles. El, disforzado, empezó a llorar con mas fuerza. Y con mas fuerza afuera lo remedaban.

De repente el niño escuchó que en el techo algo de gran peso se posaba, haciendo un poderoso estruendo. Al poco rato, un soldado apellidado Panduro, que estaba haciendo de retén, se acercó alarmado a la cabaña y José Antonio le escuchó preguntar si todo estaba bien, ante el cual sus padres le dijeron que si, que no había ningún problema. Al rato se escuchó un gran escándalo, y a un hombre que gritaba desesperado. Toda la gente salió de sus casas y justo por la casa del niño, otro soldado disparaba a una especie de gran pájaro oscuro que en medio de las sombras atacaba a Panduro, y lo mas sorprendente ¡aparentemente trataba de llevárselo…!, En medio del alboroto de la gente, el animal, arrastró al soldado por unos 30 o 40 metros. Con los disparos la cosa aquella alzó vuelo y en medio del griterío desapareció, perdiéndose en la noche.

Todos inmediatamente se acercaron al soldado maltrecho, que se había quedado mudo e inmóvil. Providencialmente no había sufrido mayores daños físicos, salvo unos profundos rasguños en el cuerpo y los brazos. Luego de un largo rato, Panduro recobró lentamente el ánimo. Allí es donde contó horrorizado que el animal no era un pájaro. Hasta ese entonces todos creían que había sido un cóndor o algo parecido, aunque dicha explicación era insuficiente, habida cuenta que nunca se había escuchado historia de cóndores roba-hombres y menos por aquellos rincones amazónicos. Pero no. Lo que contó el soldado Panduro, con gesto de terror, era que lo que momentos antes lo había atacado, no era humano. Era un inmenso pájaro con la cabeza… de una horrible mujer . Y que con sus garras, lo había sujetado fuertemente del cuello.

Era el Japiñuñu.Luego durante su estada por esos lares, se enteraría que éste no seria sino uno de muchos encuentros que muchos nativos en la zona contaban desde tiempos inmemoriales. Tantos relatos señalando al mismo ser fantástico, que ya incluso tenía un nombre. Era pues el Japiñuñu.

Es interesante recordar como este ser, de índole mítica, ha sido descrito y visto en otras partes del mundo. Incluso tanto en la mitología griega como en su literatura se ha hablado de estos seres, que como se recordará, asediaron al legendario héroe Jasón, en su búsqueda del vellocino de oro y son mencionados también en La Odisea de Homero. Pero allí tienen otro nombre. Se les conoce como ARPIAS.

Rememoremos incluso como son mencionados como personajes que formaron parte de la Historia de la fundación del Tahuantinsuyo. ¿O acaso no recordamos a uno de los Hermanos Ayar convertido en un inmenso pájaro con cabeza humana? Pero mas allá de mitos y leyendas, ¿Qué fue lo que atacó al soldado Panduro aquella aciaga noche del 11 de agosto de 1956?, ¿fue un ser real? ¿O las sombras del terror le hicieron ver al conscripto, aquello que su cosmovisión andina, llena de supays y saqras, solo le podía dar? Solo para quienes lo han visto, o han sobrevivido a su ataque, el Japiñuñu es tan real… como la mas auténtica de sus pesadillas.

Por Anthony Choy

domingo, 7 de septiembre de 2008

Huayruro


HUAYRURO: Semilla del árbol del mismo nombre (Ormosla coccinea), y que se utiliza como amuleto para atraer la suerte y alejar la negatividad. Su uso para confeccionar amuletos como collares, dijes y en un sinfín de objetos es muy amplio. La tradición dicta que estas semillas pueden ser "machos", cuando presentan un lunar negro, y "hembras", cuando son completamente rojas. Se les atribuye también la extraña propiedad de "tener hijos", cuando se juntan semillas "macho" y "hembra" (aparecen súbitamente, nuevas semillas, muy diminutas) Actualmente es muy común verlo en amuletos elaborados en plata, lo cual refuerza su capacidad como amuleto, al atraer así las influencias lunares.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Criaturas extrañas del misterioso Japón


Para todos –en especial para los más jóvenes-, no es raro que cada año lleguen desde el país del sol naciente, todo un universo de criaturas fantásticas que, al poco de ser vistas en nuestras pantallas de televisión o videojuegos, se vuelvan la moda del momento, los juguetes preferidos de los engreídos de la casa, o el tema de los videojuegos más populares. Cuando se habla sobre criaturas no catalogadas por la ciencia, investigadas por los Criptozoólogos, todas las miradas del mundo se dirigen de inmediato hacia Escocia (el monstruo del Loch Ness), el Tíbet (el Yeti), o Estados Unidos (el Bigfoot). Hasta hace poco tiempo, Japón sólo era relacionado con monstruos gracias a su poderosísima industria del entretenimiento,… y así fue hasta el 24 de enero del año pasado, cuando de las profundidades del mar nipón surgió una criatura procedente del abismo de los tiempos: un tiburón considerado como un fósil viviente; el “filled shark” como fue denominado inicialmente, no solamente fue avistado, sino filmado y posteriormente capturado por los oceanógrafos del Parque Acuático de Shizuoka.


A partir de ese momento, el mundo criptozoológico volteó su mirada hacia la potencia de oriente, sobre todo tras observar que los científicos japoneses más reputados y los medios de comunicación nipones, no tienen remilgo alguno, a la hora de mostrar una sana política de apertura, a la hora de investigar lo insólito.


La “fauna misterios japonesa”

Un rápido repaso al Japón del siglo XXI en el terreno criptozoológico, nos deja más que impactados: no solamente existen una amplia lista de criaturas desconocidas, viviendo dentro del territorio de la nación más adelantada del mundo, sino que para el japonés común y corriente, su existencia es indiscutible, y no es para menos, ¡si los han estado observando, en muchos casos, desde hace varios siglos!!!; repasemos pues, la fantástica fauna nipona de criaturas misteriosas: descartando los que son producto de “leyendas urbanas”, y los seres mitológicos nipones que pertenecen por completo al terreno de lo fantástico, se han contabilizado un mínimo de siete criaturas misteriosas que han estado o que están presente aún, en determinados lugares del territorio japonés: el “Hibagon”, el “Tsuchinoko”, el “Kusshii”, el “Isshii”, la “Serpiente Gigante del Monte Tsurugi”, el “Takitaro” y el “Kappa”.


Conoceremos una por una, las sorprendentes historias de cada una de estas criaturas: para muchos, podrían ser nada más que productos de la imaginación de los habitantes de una sociedad muy adelantada, pero que aún mantiene un estrechísimo vínculo con sus creencias ancestrales, y tal vez ese debería ser el caso, salvo, claro está, que como podrá descubrir el lector, en más de una ocasión estos seres no solo han dejado plasmado su paso por este mundo, en registros fílmicos o fotográficos, sino que en más de una ocasión lo han hecho, frente a los sorprendidos ojos de profesionales altamente calificados y científicos,…


El Hibagon

Es un homínido similar al “Bigfoot”, y que habita en las proximidades del Monte Hiba en el norte de la prefectura Hiroshima; este “abominable hombre de las nieves” nipón, ha estado presente en la mitología japonesa por muchos siglos (existe una amplia colección de antiguos grabados japoneses, que retratan al Hibagon), y fué considerado por mucho tiempo como una leyenda, hasta que decidió hacer su aparición.


De acuerdo a los numerosos encuentros visuales ocurridos a principios de los 70’s, el Hibagon alcanzaría una altura de entre 1.5 y 1.7 metros y pesaría entre 80 y 90 kg. Está cubierto de una espesa pelambrera negra o marrón (algunos testigos aseguran haber visto una mancha de piel blanca en sus brazos y pecho) y tiene una cabeza inusualmente grande con forma triangular y ojos que transmiten inteligencia.


El nombre Hibagon se lo puso la agencia local de control animal. El primer avistamiento conocido ocurrió el 20 de Julio de 1970 en una zona del monte Hiba muy próxima a la frontera con la prefectura Tottori. Tres días después de ese primer avistamiento, la peluda y simiesca criatura fué vista de nuevo caminando rápidamente a través de un campo de arroz en la cercana ciudad rural de Saijo. Se produjeron un total de 12 avistamientos de la criatura ese año y en Diciembre se encontraron sus misteriosas pisadas en la nieve.


Al parecer debido al incremento de la presión humana en la zona durante la temporada de caza la criatura se veía forzada a bajar de la montaña favoreciendo que se produjesen numerosos avistamientos en los veranos entre 1971 y 1973. El 15 de Agosto de 1974, el Hibagon fué finalmente fotografiado cuando se estaba escondiendo tras un árbol y fueron halladas a posteriori varias pisadas de unos 20 cm. de longitud en el lugar. Después de que se tomara esta foto, el Hibagon solo ha podido ser visto en un par de ocasiones más, una en 1980 y otra en 1982 antes de desaparecer para siempre.


Si bien se podría considerar que esta criatura podría estar extinta, el Hibagon podrá haber desaparecido hace mucho tiempo,.. pero los residentes de Saijo no lo han olvidado: dicha ciudad lo ha adoptado como su mascota, ¡las tiendas de souvenirs venden huevos de Hibagon y otros dulces con forma de simio que recuerdan a la criatura!!.


Para muchos, esto último sería una muestra de que este ser pudo ser creado por algunos interesados en buscar atraer el turismo a la zona de las apariciones, o de crear tal vez una imagen pintoresca, para luego obtener pingues ganancias con un bien planificado “merchandising”, pero hay algunos datos que no podemos obviar: la primera, es que la Prefectura de Hiroshima cuenta ya desde hace mucho antes con una intensa actividad turística, y en la cual el Hibagon no llega a ser más que un pie de página, y la segunda –y la más importante-, que su presencia en la zona ha sido registrado en grabados de los siglos XVII en adelante.


¿Habremos visto lo último del Hibagon, el Bigfoot japonés?, ¿se habrá ocultado en la bruma del tiempo para no volver jamás?, esperemos que no sea así. A pesar de los años transcurridos desde que se tomó la única y borrosa fotografía de esta esquiva criatura, los criptozoólogos japoneses aún no pierden las esperanzas de encontrarse con el Hibagon de nuevo. Pacientemente, aún se agolpan, en grupos raleados, portando tecnología de punta, acechando por los senderos del Monte Hiba, esperando que la montaña misterios, les permita atisbar aunque sea por un pequeño instante, a su más famoso y enigmático habitante,…

(CONTINUARÁ,…)

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