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domingo, 25 de junio de 2017

Estudio: El que se enoja, pierde


Los celos pueden llegar a ser tan enfermizos que hay casos de crímenes pasionales que empezaron con este tipo de problema. Sin embargo, no se tiene que llegar a los extremos para que la salud en las parejas se vea seriamente deteriorada.

Y tampoco se tienen que presentar situaciones como las que inspiran a las cintas en Hollywood, como es el caso de “Atracción fatal” (1987).

El simple hecho de tener conflictos o de pelear con frecuencia es un detonador para que una relación se convierta en un tormento para la salud.

De hecho, los problemas entre los miembros de la pareja pueden alterar los patrones de sueño y descanso, aumentando los niveles de estrés, lo que repercute de manera negativa en el organismo.

Discutir con frecuencia inclusive afecta  al cerebro, pues inflama su tejido, de acuerdo al estudio titulado “Shortened sleep fuels inflammatory responses to marital conflict: Emotion regulation matters”, llevado a cabo por la Ohio State University College of Medicine.

Todos sabemos que la falta de sueño puede deteriorar significativamente nuestra salud. Pero lo que quizás no sepas es que las discusiones frecuentes de parejas y sus repercusiones son irreversibles, pues la inflamación del tejido cerebral altera la estructura de este órgano, de acuerdo a la mencionada investigación, que fue publicada recientemente en Psychoneuroendocrinology.

Para este estudio participaron 43 parejas, las cuales tenían 11.5 años de casadas, en promedio. A las mismas se les tomaron muestras de sangre antes y después de que se dieran los conflictos. También se elaboraron entrevistas con estas parejas, en el laboratorio.

Los resultados de esta investigación apuntaron que la falta de sueño está relacionada directamente con el incremento de la inflamación –en el tejido cerebral– provocada por los conflictos que se dan dentro de los matrimonios.

Las parejas que durmieron menos durante las últimas 48 horas sufrieron mayor inflamación en dicho órgano, comparadas con las que tuvieron mejores noches. Los efectos y repercusiones se hicieron notar con dos o tres noches sin sueño.

Además, los expertos de la Ohio State University College of Medicine determinaron que las parejas que intentaron aplicar estrategias saludables para regular la situación (y calmar al cónyuge) sufrieron de menos inflamación vinculada a la falta de sueño.

Como dice Stephanie J. Wilson, una de las autoras de este estudio, “sabemos que la calidad de nuestras relaciones cercanas impacta directamente en nuestra salud física. Los conflictos maritales tienen un efecto particular en la inflamación (del tejido cerebral). Pero al juntar estos dos factores nos da lugar a cuestionarnos qué se puede hacer para tratar el hecho de que el comportamiento y la regulación de las emociones están relacionadas”.

“No significa que empiezas el día con niveles más altos de inflamación (del tejido cerebral), simplemente porque dormiste menos en las últimas noches. Sin embargo, esas pocas noches de sueño más corto pueden significar un mayor aumento en la inflamación después de un encuentro estresante, como lo es un conflicto marital, que si hubieras dormido más tiempo”, señala Wilson.

¿Por qué se pelean?

Cada cabeza es un mundo y cada pareja es una historia diferente, pero hay factores que se repiten en algunas parejas y patrones que se cumplen en aquellas que suelen ser conflictivas.

Entre ellos están, por supuesto, los celos e infidelidades, pero también elementos que podrían ser considerados –para algunos– meras trivialidades.

- Falta de comunicación.
- Diferencia en la percepción del compromiso.
- Carencia de autonomía.
- Problemas en la vida sexual.
- Desacuerdos en el poder que cada uno tiene en la relación.
- Dilemas por falta de adaptación y cuando no cede uno de los miembros de la pareja.

Amor apache

Seguramente conoces a alguien o te ha tocado ver parejas que, simplemente, se llevan “muy feo”. Siempre están resaltando los errores o áreas de oportunidad del otro, se hablan de manera fría y hasta ofensiva y se divierten quejándose y debatiendo en todo momento.

¿A qué debe esto? ¿Será que les gusta la mala vida?

Expertos señalan que es muy delgada la línea que separa una discusión de los ataques personales. “Discutir es discrepar ante una idea o un hecho concreto o ante una acción, pelearse es dejar la discusión sobre las ideas para centrarla en la persona, es decir, pasar del ‘no me gusta la camisa que has comprado’ al ‘eres una hortera y no sabes vestir’. La discusión cuestiona la opinión o la acción, la pelea cuestiona a la persona”, dice en entrevista para El Mundo José Bustamante Bellmunt, psicólogo, sexólogo y especialista en terapia de pareja y secretario general de la Asociación Española de Especialistas en Sexología.

Amar la mala vida

En los casos más extremos y hasta patológicos, hay quienes se acostumbran y se vuelven adictos al “mal amor”.

Carlos Eduardo Leal Lozano, psicólogo clínico, indica que hay parejas que se aburren cuando no hay conflictos y la dinámica cae en la monotonía cuando no se presentan altibajos.

“Si quisiéramos ver el amor por ejemplo como una energía, tenemos que estar conscientes que no es simplemente un recurso que no se acaba, es un recurso que se acaba si no se trata, si no se alimenta, si no se trabaja, el amor se acaba, es decir hay un desgaste”, señala Leal Lozano.

Por otro lado, Richard A. Friedman, director de Psicofarmacología de la clínica psiquiátrica Payne Whitney y de la Escuela de Medicina de la Universidad Cornell en Nueva York, afirma que la adicción al mal amor no solo es porque a las personas les gusta el masoquismo o sufrir. Y la razón por la que algunos se sienten atraídos hacia relaciones conflictivas se debe a que les gusta la adrenalina que genera la incertidumbre y lo impredecible, además de que gozan llevarse “como perros y gatos”, porque al final tendrán una recompensa (contentarse), hasta que vuelvan a discutir y entrar en conflicto de nuevo.

En este tipo de relaciones, el área de recompensa del cerebro es extremadamente sensible a los “premios” y placeres como lo son el sexo (make-up sex, por ejemplo), el dinero y la comida.

“Las personas que están en este tipo de relaciones regularmente son repetitivas, salen de una y se meten a otra igual, sin darse cuenta, no es que lo hagan a propósito. Digamos que son víctimas de sus propios actos, sin saber cómo pero precisamente siempre llegan a ese tipo de relaciones que presentan una inestabilidad desagradable”, dice Friedman.

Y añade que “si estás involucrado en una relación impredecible, tal vez no te guste mucho, pero seguramente tu circuito de recompensa va a notar el comportamiento caprichoso y te dará información que podría entrar en conflicto con lo que conscientemente crees que es lo mejor”.

Enamorarse todos los días

Verse y sentirse bien es clave para que la persona no solo esté saludable, también para que sea percibida como más atractiva. Por ello, el matrimonio o una relación formal de pareja son un reto constante –y diario– entre dos personas.

Hay quienes dicen que se debe “enamorar” a la otra persona todos los días, para así alimentar la relación que tienen, más allá de los vínculos que forman cuando llegan los hijos y madura el compromiso que tienen.

Además, el enamoramiento puede ser una de las experiencias más saludables.

Estar enamorado ayuda a que la presión sanguínea esté a raya, según expertos de la Brigham Young University.

La buena vida sexual también es clave, de acuerdo a los psicólogos. Y también repercute en forma positiva en la salud de la persona.

Según European Heart Journal, hacer el amor es equivalente a tener actividad física –o ejercitarse– leve y/o moderadamente.

Sin contar que cuando se está enamorado, el cuerpo aumenta su producción de oxitocina, dopamina y norepinefrina, lo cual ayuda a la salud cardíaca y reduce la producción de cortisol, que es conocida coloquialmente como la hormona del estrés y que, encima, es responsable de que aumente la tensión arterial.

(FUENTE: reporteindigo.com)

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