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jueves, 7 de julio de 2011

Aficionado a lo paranormal: Chávez y la magia negra



A Hugo Chávez le van las ciencias ocultas y las posesiones. La santería cubana se va adueñando de Venezuela y, coincidencia o no, Chávez ordenó hace poco que se profanaran los restos de Bolívar.

Tras el golpe de estado de febrero de 1992 contra Carlos Andrés Pérez, los oficiales que diseñaron la operación, incluido el teniente coronel Hugo Chávez Frías, fueron conducidos a la prisión de Yare de la que saldrían sólo dos años después, indultados por el presidente Caldera. Uno de estos militares, el teniente coronel Francisco Arias Cárdenas, cuenta que un día entró en la celda de Chávez y estaban “todos sentados. Hugo está con pantalones cortos, con el escapulario de Maisanta y un tabacote. Él está con una botellita de ron y con el tabaco, echando humo. ‘Estamos convocando a los espíritus’, me dice. De repente, Chávez se transforma y comienza a temblar y a hablar como un viejecito: ‘¿Cómo están, muchachos?’, saluda. Y entonces salta de inmediato Torres, uno de los que estaba cuadrado conmigo, y le dice: ‘¡Mi general Bolívar!’. Y Chávez contesta: ‘No soy el general Bolívar. No me ponga tan arriba’. Salta entonces el capitán Blanco La Cruz: ‘¡Mi general Maisanta!’. ‘Claro, mijo, aquí estoy’, dice Chávez”.

Santería y brujería
Otro de los golpistas, el capitán Valderrama, confirma la historia de Arias Cárdenas (hoy diputado chavista) y la presencia de Blanco La Cruz (hoy gobernador de Táchira) y relata al historiador Blanco Muñoz que “en Yare vivimos muchas experiencias de ese mundo de la santería lindante con la brujería. Recuerdo que Blanco La Cruz era uno de los más asiduos al culto de lo que es el esoterismo: la brujería, la incorporación de espíritus en personas médium. Y resulta que Chávez les dice que él tiene facultades para ser médium... Y deciden hacer una sesión para demostrar que eso era verdad. Ronald arregló la sesión para que se incorporara el espíritu de Maisanta a Chávez. Nos reunimos todos en una celda. Chávez se sentaba en una silla con un tabaco. Entonces se empieza a fumar el tabaco y de inmediato empieza a hacer gestos con el cuerpo, para señalar que le está entrando el espíritu. Entonces se incorpora el espíritu de Maisanta… y era Maisanta quien hablaba a través de Chávez. Eso lo hicimos dos o tres veces”.

Quién es el tal Maisanta? Pedro Pérez Delgado, un guerrillero notorio por su carácter vicioso e inmoderado del que Chávez asegura ser bisnieto (su abuelo fue el segundo bastardo de la segunda querida de Maisanta, a quien negó el apellido como a todos los hijos que engendró) y del que ha tomado la estética de la camisa roja.

Un amigo de la infancia de Chávez, Rafael Simón, cuenta que en 1985, en el comando de Elorza, donde estaba destinado el gorila, Chávez “mandó colocar junto al retrato de Bolívar una fotografía de Maisanta. Además, ordenó que colgaran la bandera de guerra del bandolero, que es un paño negro con una calavera, la bandera de los piratas. Cada tarde, Chávez mandaba a sus soldados a rendir honores a los dos: al Libertador y a Maisanta”.

Ese es el Chávez supersticioso que llega al poder unos años después. Pero no es el Chávez que hoy convalece de un cáncer mal operado en Cuba. Entre medias, y desde hace poco menos de diez años, Venezuela comenzó a llenarse de agentes cubanos, consejeros mandados por los Castro para asesorar en cuestiones como seguridad, organización e incluso suministro eléctrico. En coincidencia con la llegada masiva de cubanos, los cementerios de Caracas comenzaron a sufrir una oleada de profanaciones.

De las profanaciones se hizo eco toda la prensa nacional, e incluso Newsweek le dedicó algún breve al asunto. No pasó mucho tiempo hasta que se relacionó la presencia de cubanos con el robo de los huesos y alguien gritó: “¡Paleros!”. La santería palera, una práctica habitual en la isla, importada del Congo por los esclavos negros que llenaron Cuba y en la que los huesos de los muertos son usados en rituales de magia negra para conseguir ventajas, protección o incluso que un enemigo quede maldito. Si el hueso es de un antepasado, el efecto es mucho más poderoso.

En el caso de Chávez, tan cerca de Cuba y de los Castro (Fidel es palero), se cuenta y no se calla sobre su ‘conversión’ al rito palero, lo que incluye ceremonias de purificación junto a Castro con la sangre de un toro o incluso con la sangre de un león raquítico de un zoo de Caracas. Así lo cuentan curas venezolanos que en otros tiempos estuvieron cerca de Chávez, como José Palmar o el padre Manuel Díaz, e incluso reconocidos babalawos paleros (santeros) como Paulino Baptista, que aseguran que el presidente está en manos de la santería. Si eso es así, el mayor problema de Chávez es que no ha podido hacerse con los huesos de Maisanta, ya que su tumba desapareció a mediados del siglo pasado. Si Chávez necesitaba un hueso, si no podía ser de un antepasado, tendría que ser de otro caudillo. Y no de un caudillo cualquiera. Sino del caudillo. Uno. Bolívar.

Huesos de cera
La historia descabellada nos cuenta que en 2007 Chávez usó sus interminables monólogos televisados para decir en voz alta que él dudaba de la versión oficial de que Bolívar hubiera muerto de tuberculosis. La Academia Venezolana de la Historia salió al quite y mostró los resultados de la autopsia que se le practicó al libertador y que no dejan lugar a dudas sobre el mal que, finalmente, llevó a la tumba al sifilítico héroe de la independencia americana.

Pero Chávez no cejó. Con menosprecio absoluto de la Academia, insistió en toda suerte de teorías fantásticas que culminaban en la versión de que los colombianos habían envenenado a Bolívar. Aquello era absurdo. Los propios colombianos aceptaron a finales de XIX entregar el cuerpo de Bolívar para su reposo eterno en su patria natal, Venezuela, y prepararon su cadáver con mimo exquisito. Abrieron el ataúd de plomo deteriorado que contenía sus restos, arreglaron los desperfectos, reemplazaron con cera los trozos de esqueleto perdidos y barnizaron los huesos de Bolívar para su mejor conservación. Así lo certifica el acta de entrega de los restos.

Y de repente, sin aviso previo a la nación, hace un año, de madrugada (como exige el rito palero) medio centenar de hombres vestidos de blanco (otra exigencia santera) entró en la cámara que contiene los restos del libertador Bolívar. A eso de la una de la mañana, y con Chávez hablando en directo a la nación, levantaron la tapa de la caja, retiraron la antigua bandera de siete estrellas, abrieron el ataúd de plomo y mostraron los huesos barnizados de Simón Bolívar. Chávez aseguró que ahí comenzaba una investigación completa sobre las verdaderas causas de la muerte de Bolívar, pero lo que se vio, antes de que se cortara la transmisión, fue a uno de los hombres de blanco manipular con torpeza uno de los laterales del esqueleto, del que cayó un pequeño trozo de hueso.

Un solo hueso de Simón Bolívar. Suficiente para el rito palero-cubano.

(FUENTE: intereconomia.com)

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