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jueves, 3 de marzo de 2011

Descubren por primera vez un "planeta bebé"



Peter Tuthill, astrónomo de la Universidad de Sydney, es uno de los miembros del equipo internacional de científicos que acaba de conseguir la primera imagen de un sistema solar en plena formación. Un equipo, por cierto, dirigido por la española Nuria Huélamo, del Centro de Astrobiología. Se trata de un gran paso en el estudio y la comprensión de cómo se forman los planetas alrededor de otras estrellas. El trabajo acaba de publicarse en la revista Astronomy and Astrophysics.

Para este científico australiano, la manera en que hoy concebimos la formación de planetas procede de ideas del siglo XVIII. "El filósofo Immanuel Kant - explica Tuthill- propuso que los planetas crecían a partir de un gran disco de polvo en rotación, formado por el desordenado material sobrante de la formación del sol que se encuentra en su centro".

"Como consecuencia de un efecto parecido al de las bolas de nieve -prosigue el astrónomo- se espera que esos restos en órbita se agrupen en piezas más grandes hasta que una sea lo suficientemente masiva como para atraer toda la materia de su vecindario orbital. En ese punto, el planeta naciente habrá limpiado un anillo entero del disco original".

A pesar de que un buen número de esos "anillos vacíos" han sido ya encontrados por los astrónomos, la teoría kantiana de que están relacionados con la formación de nuevos mundos ha seguido perteneciendo al reino de las ideas sin probar. Hasta ahora.

De hecho, el equipo científico al que pertenece Peter Tuthill ha logrado capturar una tenue mancha luminosa que delata la presencia de un cuerpo masivo, un planeta o una enana marrón, orbitando exactamente en el interior de un "anillo vacío" en el disco de polvo y gas que rodea la estrella T Chamaeleontis.

"En el camino para comprender la formación planetaria, este hecho marca un gran hito", asegura por su parte la española Nuria Huélamo, del Centro de Astroniología y primera firmante del artículo. "Esta puede ser la primera vez que somos capaces de de observar un cuerpo limpiando un anillo dentro de un disco protoplanetario".

Una hazaña, por cierto, que requiere también de un enorme esfuerzo técnico. El instrumento usado para la detección, por ejemplo, fue diseñado por los propios investigadores, que tuvieron que trabajar muy duro para distinguir el tenue resplandor del "planeta bebé", contra el intenso brillo de su estrella, que llegaba directamente al telescopio.

También es verdad, reconoce otro de los miembros del equipo, que un planeta joven como el detectado es, fundamentalmente, una ardiente bola de lava, y su propio brillo le hace mucho más fácil de descubrir que un planeta maduro y frío, como los que hay en nuestro sistema solar.

En todo caso, un gran logro científico que abre nuevas puertas a la comprensión de nuestro universo, al permitir identificar y estudiar mundos lejanos en el momento mismo, o muy cerca de él, de nacer.

(FUENTE: abc.es)

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