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sábado, 31 de julio de 2010

La Endemoniada de Santiago: la versión chilena de El Exorcista


Fue un caso real. En 1857, el cura Raimundo Zisternas practicó un exorcismo a una joven "espirituada". Patricio Jara recupera la historia en su nuevo libro.

Llegó al hospicio poco antes del mediodía. Las hermanas de la Caridad lo hicieron pasar. El sacerdote José Raimundo Zisternas había escuchado la historia, pero quería verlo con sus propios ojos. Sobre la cama estaba Carmen Marín, una joven de 18 años que -decían- estaba espirituada. Poseída por el demonio. Zisternas la examinó con escepticismo. La chica se burló de él y le respondió con groserías. De pronto giró las pupilas y comenzó a azotarse contra el suelo. Las hermanas intentaron contenerla y le dijeron al sacerdote que leyera el Evangelio de San Juan. Entonces Zisternas, que no creía en la posesión, sintió que su sangre se helaba.

"Un momento después de haber comenzado, la enferma se agitó horriblemente, levantó el pecho de un modo extraordinario, formó un gran ruido con los líquidos que había en su estómago y, cuando el Evangelio iba en más de la mitad, tomó un aspecto horripilante: dobló el cuerpo, abrió cuanto pudo la boca y los cabellos se le erizaron. En una palabra, no parecía una criatura humana", relató en un informe al Arzobispo.

La historia es real. Ocurrió en 1857. Carmen Marín fue conocida como "la endemoniada de Santiago". El caso generó conmoción en la pequeña sociedad de la época. La Iglesia y la ciencia médica se enfrentaron. La prensa acusó a los curas de aprovecharse de la ignorancia popular y armar un show con la enferma. Y en medio de la controversia, Zisternas pasó a segundo plano.

Ciento cincuenta años después, Patricio Jara recupera el caso y el testimonio del sacerdote en La endemoniada de Santiago, libro que publica con el sello Vergara. Autor de Prat y El mar enterrado, entre otros libros, Jara quería escribir una novela con los personajes. Pero se topó con el informe de Zisternas, el primer registro de un exorcismo efectuado en Chile. Y lo impactó la fuerza de su narración: "Vi que no sólo había una historia, sino que esa historia era capaz de hablar de una época de un modo tan preciso, tan de crónica, que finalmente sentí que cualquier intento por recrear el tema desde una novela sería ridículo comparado con la potencia del relato del presbítero Zisternas".

La endemoniada de Santiago recoge el libro original del sacerdote, publicado en octubre de 1857 con el título Relación hecha al Señor Arzobispo por el presbítero don José Raimundo Zisternas, sobre las observaciones verificadas en una joven que se dice espirituada, acompañada de los informes de varios facultativos que practicaron sus reconocimientos profesionales. La edición agrega recortes de prensa, el informe de otro médico que no alcanzó a entrar en el volumen y una contextualización hecha por el autor.

Cuando Zisternas llegó al hospicio de calle Maestranza (hoy Portugal), Carmen Marín llevaba seis años sufriendo ataques. Nacida en Valparaíso en 1838, fue entregada a una tía después de la muerte de sus padres. Estaba en un colegio de monjas cuando sufrió el primer ataque. La trataron de loca, la acusaron de fingir. Su familia la llevó con distintos médicos, incluso con brujos, pero nada hacía efecto. Fue internada en uno y otro hospital. Y en un arresto de desesperación, había intentado suicidarse.

Encomendado por el arzobispo, Zisternas convocó a media docena de los más reputados médicos de la capital para que examinaran a la chica. Durante una semana, el sacerdote observó sus ataques y las reacciones de los médicos, incapaces de descifrar su mal pero reacios a ir más allá.

El relato parece la versión criolla de El exorcista de William Friedkin: la joven habla en otros idiomas, blasfema, adivina lo que ocurre a sus espaldas y presiente cuando se acerca un sacerdote. Adquiere una fuerza descomunal y tras los ataques, no recuerda nada. Pero para los médicos era un cuadro de histeria. Pese a ello, Zisternas practicó el exorcismo. "¡No sabes con quién te estás metiendo!", le gritó la niña. El cura registraría el rito en su informe y con ello, afirma Jara, "fue el primero en brindarnos una de las crónicas más aterradoras que recuerde la historia de Chile".

(FUENTE: diario.latercera.com)

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