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miércoles, 20 de agosto de 2008

El Ekeko


Existen diversas tradiciones en torno a la figura del Ekeko. Loa antiguos habitantes del altiplano lo consideran el último fetiche de la mitología andina, que era paseado de casa en casa en forma clandestina, como imagen de resistencia a la imposición de la religión cristina. Igualmente, se dice que el Ekeko! es la encarnación del dios Kon, que habría sido traído al altiplano por alguna corriente migratoria extraña a los quechuas y aimaras, y cuyo recuerdo pasajero –si lo hubo- dice el Padre Juan Durand en Etimologías Perú-Bolivianas, que fue absorbido por el nombre del lugar, o que equivocadamente, por una falsa interpretación del apócope de Cóndor, fue colocado en aquella relación, que después siguieron otros historiadores y que ese nombre de Contice-Vira-Cocha, debe traducirse por Cutur-Tecsi-Mira Ccocha- esto es Cóndor Poderoso Creador de Lago.

En tal sentido, el Ekeko vendría a ser la representación del dios Kon, Viracocha o Tunupa, que los antiguos habitantes del altiplano adoraban como representación del nuevo indio aimara. Empero, quedemos por hoy, que el Ekeko es el personaje principal de las Ferias de la Alacitas• que en la ciudad de Puno se realizan del dos al diez de mayo, como parte de un calendario que dura todo el año, según el Antropólogo Walter Tapia Bueno, que es el primero que tiene un trabajo serio sobre el Ekeko y su fiesta.

El personaje principal de las fiestas de las alasitas (mayo) , que en Puno se realiza en la Cruz de Bellavista, es pues el Ekekeo, que en aimará quiere decir enano o retaco. Es un muñeco de yeso que representa a un hombre de aproximadamente 40 años, rostro arrugado, ojos vivaces, la boca abierta en una mueca de risa, y los brazos extendidos como dispuesto a brindar un abrazo fraternal.

Este personaje es vestido con atuendo campesino, sombrero, chullo, chalina y poncho. Se le sobrecarga con toda clase de objetos en miniatura, artículos comestibles y un charango. Es el símbolo del comerciante y de la prosperidad en los negocios y en el hogar, El Ekeko debe ser regalado y si es comprado debe ser con la fe y el respeto que la tradición impone.

De ahí para adelante será el diocesillo de la fortuna, al que cada viernes y martes, el mundo campesino o de clase media le rinde culto, conversa con él. Es el confidente de sus problemas y brinda el trago de pisco que nunca le falta, al igual que su incuña -atado pequeño de coca- se le coloca un cigarrillo encendido en la boca y éste se consume totalmente. Existe la firme creencia, de que el poseedor de un Ekeko, si no cumple con el ritual, le va a ocurrir una desgracia. Se cuentan innumerables casos de personas que por no cumplir con dicha formalidad, han visto disolverse el matrimonio, han perdido en los negocios, o han asistido a la muerte de sus seres más queridos.

Una de las leyendas más hermosas que he podido recoger con respecto a este ser es, una en la que se cuenta que aparece por los caminos, rumbo a las casas de los más necesitados, sonriendo, cargando regalos para grandes y chicos, pidiendo ser recibido en las casas, y regalando comida y bondades a todo aquel que le convida gustoso, licor, coca o cigarros.

El Ekeko, con su aureola de mitos y leyendas, tiene un monumento en una de las calles principales de La Paz –Bolivia-, y en muchas casas se le tiene en lugar preferente como la imagen que ayuda al bienestar y la prosperidad. Vale decir, que tiene la importancia y el significado que cada persona o familia le da. Por ejemplo, en Puno, unos días después de la Feria de Las Alasitas, el Instituto Americano de Arte, entidad cultural -con más de medio siglo de existencia-, celebra la fiesta del Ekeko, al que le hacen regalos y se le conserva de acuerdo a la tradición. Las personas, lo llevan muchas veces como adorno o dije en la solapa del saco, o secretamente como un refugio para sus aspiraciones de bienestar que a todos anima.

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